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Grandes Personajes

 

 

Oscar Wilde

 

Federico Ortíz-Moreno *

 

 

Uno de los escritores y dramaturgos más destacados que se conozca. Un hombre de fina pluma,
sátira mordaz y crítica sutil. Un señor de la novela y el teatro. Un autor cuyos dramas y comedias
dieron mucho que decir y que hoy, en nuestros días, cobran igual importancia. Novelista irlandés
(para otros, inglés) cuyo nombre fue: Oscar Wilde.

 

 

  

Los grandes escritores

 

Luego de haber mencionado en esta serie de grandes personajes a eminentes escritores y novelistas como Borges, Brecht, Byron, Calderón de la Barca, Camus, Cervantes, Goethe, Gorki y Julio Verne, hoy deseo referirme a un excelente dramaturgo europeo (irlandés, por cierto); aunque otros, por haber sido «bueno», prefieran hacerlo pasar como inglés.

 

Hago la anotación anterior, porque allá, hace mucho tiempo (aunque tal vez no tanto; esto fue hace 15 años, allá por el ’75), estando de visita en Irlanda (muy cerca de su capital, Dublín), me acerqué a una persona para preguntar una dirección.

 

Esta persona y yo, de alguna forma iniciamos la plática y algo muy curioso me señaló: «Los ingleses, todo lo que ven bueno, dicen que es inglés; si lo ven malo, dicen que es irlandés». Empezaba yo a comprender mucho del estilo de vida de los ingleses, lo mismo que el de los irlandeses, a quienes aprecio por igual.

 

 

Un grande de la literatura

 

Oscar O’Flahertle Fingal Wills Wilde, mejor conocido como Oscar Wilde, es una de las figuras más sobresalientes de la literatura inglesa (me refiero a la lengua inglesa, ya que Wilde nació en Irlanda, y por consiguiente debe considerársele irlandés).

 

Oscar Wilde nació el 10 de octubre de 1854 en la ciudad de Dublín, Irlanda. Su padre, Sir William Wilde, de origen holandés, fue un notable doctor, especialista en ojos y oídos. Su madre, Lady Wilde, fue Jane Francesca Elgee, una irlandesa y luchadora nacionalista que colaborara el periódico «The Nation», bajo el seudónimo de «Esperanza».

 

En 1864, a los diez años, Wilde ingresa al Portora Royal School de Enniskillen. Sus estudios son buenos y el pequeño Oscar continúa ahí sin menores contratiempos. Se pensaba que pudiera ser un buen chico, y así fue. Wilde era un muchacho estudioso y muy pronto daría un gran salto. En 1871, a sus 17 años, comienza sus estudios en el Trinity College de Dublin.

 

 

La Universidad y las letras

 

La dedicación del joven Wilde le valieron para que a éste fuera premiado y se le otorgase una beca a fin de que pudiera realizar estudios universitarios. Así lo hace, pero en 1874 abandona la Universidad de Dublin para ingresar en el Magdalen College, de la Universidad de Oxford.

 

El gusto por la literatura se había iniciado. Y, en realidad, tenía a quien sacarlo. Su madre había sido una connotada poetiza, y él, Wilde, tenía aún más que eso. En 1876 obtiene el primer lugar en Literatura Clásica. Un año después realiza un viaje de vacaciones por Italia y Grecia.

 

 

Carrera, premios y libros

 

En 1878 obtiene el primer premio en literatura griega y latina. Gana el Newdigate Price con su poema Ravenna. Poco después, en 1879, viaja a Londres para establecer ahí su residencia. Y es aquí, en Londres, donde empieza a darse a conocer.

 

En 1881 aparece la primera edición de su obra poética, publicada por Bogue. Un año después, y ya cobrando una buena fama, viaja a los Estados Unidos donde dicta una conferencia. Defensor de «el arte por el arte» y maestro de la ironía y la paradoja, Wilde inicia su carrera literaria en 1878.

 

Las fuerzas del amor no podían dejar de hacer su aparición en la figura de Oscar Wilde. En 1881 se establece en Londres. En 1884, a penas a los veinte años, contrae matrimonio con Constance, hija de un rico abogado de Dublin, con quien tiene dos hijos. Y es, a partir desde ese entonces, que Wilde y su esposa viven en su famosa casa de Tite Street, en el elegante barrio de Chelsea.

 

El matrimonio se aviene bien. En 1885 nace Cyril, su primer hijo. La venida de este pequeño hacen reforzar el matrimonio quien al siguiente año están recibiendo a Vivian, el segundo de sus hijos. Es este mismo año en que comienza la ascendente carrera literaria de nuestro personaje. Colaborador de varias revistas y magazines, Wilde se convertiría más tarde en el dramaturgo de moda en Londres, París y Nueva York.

 

 

Actividad literaria

 

Es en 1888 en que Wilde comienza un período de inusitada actividad literaria que dura hasta 1895 el momento de la gran crisis existencial del escritor. Sus libros, poemas, novelas y obras de teatro se leen por doquier. Todo mundo habla de Wilde.

 

En la novela brilla con El retrato de Dorian Gray; en ensayo, con El alma del hombre bajo el socialismo; en teatro, con La importancia de llamarse Ernesto; en cuento, con El Príncipe Feliz y otros cuentos; y, en poesía, con La balada de la cárcel de Reading.

 

En lo que respecta a El retrato de Dorian Gray éste sale por vez primera a luz 1890 en el Lippincott’s Magazine. Un año más tarde, en 1891 sale a la venta Intentions, un interesante libro de ensayos que incluye La decadencia de la mentira y El crítico como artista.

 

 

Obras de teatro

 

En 1892 se lleva a cabo el estreno de El abanico de Lady Windermere, una magnífica obra teatral, llena de sátira, y que es representada en el St. Jame’s Theatre. Ese mismo año se empieza a ensayar Salomé, obra escrita en francés. La obra es personificada por Sarah Bernhardt para ser estrenada en el Palace Theatre, de Londres. Es entonces que Lord Chamberlain niega el permiso para su representación, por figurar personajes bíblicos en la obra.

 

Su obra continúa a pesar de los pesares. En 1894 aparece un magnífico poema, La esfinge. Se publican Phrases y Philosophies for the use of the young (Frases y filosofías para el uso de los jóvenes), en la revista Chamelon, que son más tarde motivo de cargo en su proceso. También, en ese mismo año, sale a luz, publicada, ahora e inglés, su obra Salomé.

 

El 3 de enero de 1895, en el Theatre Royal de Haymarket, se estrena An ideal husband (Un marido ideal); y, en febrero del mismo año, en el St. Jame’s Theatre, es llevada a escena su obra La importancia de llamarse Ernesto, pieza con la que cosecha grandes aplausos.

 

 

Problemas y pesares

 

1985 es para Wilde un año de calamidades. Cuando se encontraba en la cumbre de la fama, fue acusado de homosexual por el Marqués de Queensbery. Wilde, por su parte, promueve un juicio contra su acusador, aduciendo difamación.

 

Su petición (la de Wilde) no prospera, pues el caso es sobreseído, después que el abogado Edward Carson somete al escritor a un riguroso interrogatorio, lo que traer por consecuencia la detención de Wilde, quien fue procesado en la Corte de Old Bailey y condenado, el 27 de mayo de 1895, a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading.

 

En 1896 fallece su madre, quien murió herida en lo más profundo de su corazón al ver que su hijo, de cuyo genio y arte se había enorgullecido tanto, y al cual consideró siempre como un digno representante para llevar el apellido, fue condenado a trabajos forzados por dos años.

 

 

Los diez últimos años

 

Es a principios de ese mismo año, el 11 de febrero, que se estrena Salomé en el Théâtre de L’oeuvre de París. El papel principal es interpretado por Sarah Bernhardt. Un año más tarde sale libre de la cárcel de Reading (el 19 de mayo de 1897), luego de lo cual se va a vivir a Berneval, en Francia. Ahí dirige su primera carta al Daily Chronicle, publicada el 28 de mayo.

 

En 1898 muere su esposa. Deja Berneval y marcha a París, donde vive bajo el nombre de Sebastián Melmoth. Se publica por vez primera La balada de la cárcel de Reading, que escribiera durante su estancia en Berneval. Wilde envía su segunda carta al Daily Chronicle, la cual es publicada el 24 de marzo.

 

 

Pensamiento y obra

 

De todas las obras de Wilde, las siguientes, en mi opinión, son las de mayor importancia: El retrato de Dorian Gray, La importancia de llamarse Ernesto, El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia, Un marido ideal, Salomé, Un príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, El crimen de Lord Arthur Saville, El fantasma de Canterville y La balada de la cárcel de Reading.

 

En El abanico de Lady Windermere, Wilde se vale de una ironía y una sátira mordaz sobre la sociedad de la época, con una crítica sutil, ofrecida bajo formas triviales que quieren suavizar sus juicios profundos y despojarlos de esa molesta pomposidad moralista fuera de toda razón.

 

En La importancia de llamarse Ernesto se ve la estupidez del pensamiento de una sociedad llena de fingidas actitudes tendientes a buscar una razón en todo, a pesar de que ésta misma no tenga sensatez alguna. Lo importante de esta obra radica en lo cómico de sus parlamentos, las sentencias chuscas e inverosímiles de una sociedad tan opaca y aturdida como la de aquellos tiempos y, tal vez, no tan diferente a la de ahora.

 

 

La importancia de llamarse Ernesto

 

He aquí las principales frases encontradas a través de sus diálogos:

  • Los periódicos nunca traen nada, por lo que veo...

  • Más bien, creo, por lo general, traen demasiadas cosas. Nos molestaban dándonos noticias sobre personas desconocidas, que nunca hemos visto, y que no nos importan nada.

  • Pues yo pienso, más bien, que aquellas personas a quienes nunca hemos conocido son las más interesantes.

  • Nunca hables irrespetuosamente de la sociedad... Eso lo hace sólo la gente que no tiene acceso a ella.

 

El Retrato de Dorian Gray

 

No cabe duda que El retrato de Dorian Gray es lo mejor de su obra. Una novela llena de crítica y reflexión sobre lo que se llama «sociedad», una sociedad llena de prejuicios, llena de morbo y donde unos a otros se ensalzan o denigran, todo dependiendo de la necesidad psicológica, enfermiza o psicopática de los componentes o integrantes de la misma.

 

He aquí algunas de las frases o diálogos de esta novela:

  • Sólo hay una cosa en el mundo peor que el que se hable mal de uno, y es que no se hable...

  • Nadie puede soportar que los demás tengan los mismos defectos que nosotros...

  • Me interesan más las personas que sus principios, sobre todo aquellas que no tienen ninguno...

  • El hombre es todo lo que se quiera, ¡menos racional...!

  • Los jóvenes se empeñan en ser fieles y no lo son; los viejos tratan de no serlo, y no pueden. A eso se reduce todo...

  •  Las paradojas están bien como pasatiempo... Al fin y al cabo, la paradoja es el camino a la verdad.

  • Para conocer la realidad es preciso verla en la cuerda floja. Hasta que las verdades no se hacen acróbatas no podemos juzgarlas...

  • Es el problema de la esclavitud, y tratamos de resolverlo divirtiendo a los empleados.

  • Las personas mueren y descubren, cuando ya es demasiado tarde, que lo único que pueden echar de menos son sus propios errores...

  • Yo nunca me entero de lo que dicen los necios, ni me meto en lo que dicen los discretos...

 

Otras frases

  • La base del optimismo es simplemente el miedo. Creemos ser generosos porque adoramos al prójimo con todas aquellas virtudes que pueden beneficiarnos...

  • Mi teoría es que son las mujeres las que se declaran a nosotros, y no nosotros los que nosotros nos declaramos a ellas...

  • Ningún hombre civilizado lamenta nunca un placer, como ningún incivilizado llega jamás saber lo que es un placer...

  • Temo que las mujeres tengan una especial predilección por la crueldad, la buena crueldad, franca y categórica. Son de un primitivismo admirable en cuestión de instintos...

  • Lo hecho, hecho está. Lo pasado, pasado está...

  • La pasión que experimenta uno al crear, jamás se muestra realmente en la obra creada... A veces pienso que el arte oculta más al artista que revelarlo...

  • Hasta la remembranza de la alegría tiene su amargura, y los recuerdos del placer su pena...

  • La sociedad -la sociedad civilizada al menos- nunca se siente demasiado dispuesta a creer en nada en detrimento de las personas ricas y sugestivas. Comprende, por instinto, que los modales son de más importancia que las costumbres y, a su juicio, la más acendrada responsabilidad vale mucho menos que tener un buen cocinero...

 

 

Más frases

  • Hoy en día no hay nada serio.

  • El vicio es algo que el hombre siempre lleva escrito en el rostro. Nada hay que lo oculte...

  • Las clases medias airean sus prejuicios morales en sus groseras pláticas de sobremesa, y murmuran sobre lo que ellos llaman el libertinaje de sus superiores. Esto, con el de imaginar que están en la más íntima relación con la gente que denigran...

  • ¿Y qué tipo de vida llevan esas personas que tanto se las echan o recargan de morales? Tú olvidas, querido, que estamos en la tierra natal de los hipócritas...

  • Quizá nunca se siente uno con mayor naturalidad como cuando se ve obligado a fingir...

  • Las mujeres prueban su suerte; las mujeres, arriesgan la suya...

  • Cualquier hombre puede ser feliz con una mujer, mientras no se enamore de ella...

  •  A mí me agradan los hombres que tienen un futuro y las mujeres que tienen un pasado...

  • Cada hombre vive su propia vida, y paga su precio por vivirla...

  • En sus tratos con el hombre, el destino jamás cierra sus cuentas...

  • (Los hombres) compensan la estupidez con la riqueza y el vicio con la hipocresía...

  • La muerte es la única la que me aterra... Hoy en día se puede sobrevivir a todo, menos a ella...

  • ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde... si pierde su propia alma...?

  • Los libros que el mundo llama inmorales, son libros que le muestran, simplemente, su propia vergüenza...

 

La muerte de Wilde

 

Fueron muchos los principios o pensamientos que el escritor expusiera en sus obras. En 1900, durante la primavera, visita Sicilia y Roma. Tiempo después, destruido física y moralmente, y al término de su condena, nuestro personaje abandona la Gran Bretaña para pasar los tres últimos años de su vida -pobre, solo y enfermo- vagando por las calles de París con el seudónimo de Sebastián Melmoth. Así, teniendo como única compañera la soledad, Oscar Wilde muere en la Ciudad Luz, el 30 de noviembre de 1900.

 

 

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 17 de diciembre de 1990.

 


 

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