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Grandes Personajes

 

 

Agustín de Iturbide

 

Federico Ortíz-Moreno *

 

 

General del Ejército Realista, Presidente de la Junta Provisional Gubernativa y de la Regencia,
y Emperador de México. Héroe o villano que a la nación le tocará juzgar. Un hombre, político y
militar que nos diera la libertad y signara nuestra independencia: Agustín de Iturbide.

 

 

 

 

Las cosas de la historia

 

Curioso es observar cómo la historia juzga a los hombres. Dicen que los que triunfan son los que escriben la historia. Y tal parece que en el caso de Agustín de Iturbide haya sucedido algo semejante.

 

Es cierto que no siempre se pueda hablar bien de un hombre que ha estado o haya estado ante la mirada de los demás, pero tampoco puede negarse que a ese mismo hombre se le trate de negar aquellos méritos logrados por sus hazañas y particularmente por aquellas cosas que dio o hizo en favor de sus semejantes.

 

Muchos podrán criticar a Agustín de Iturbide, no lo niego; pero una cosa es ver solamente lo negativo y otra negar aquello positivo que realmente hizo y de lo cual hoy todos disfrutamos. La gente, hasta cierto punto, aún no está preparada para aceptar verdades y reconocer errores. Otros países nos han puesto la muestra, hacen cambios, bajan del pedestal aquellas figuras fantasiosas y hablan de la verdad de una manera clara y precisa.

 

 

Agustín de Iturbide

 

Agustín de Iturbide nació en Valladolid (hoy conocida como la ciudad de Morelia), un día 27 de septiembre de 1773. Hijo de una familia acomodada, Agustín estudió en el seminario (con lo que podemos asegurar, de cierto modo, una preparación religiosa), trabajando posteriormente en una hacienda propiedad de su familia.

 

Agustín era un joven inquieto; se dice, que muy inteligente. Cierta ocasión, a los diecisiete decide dejar el seminario y tomar la carrera de las armas. Se daba cuenta de lo que pasaba y, de cierto modo, deseaba ayudar a la causa.

 

 

Lo que se dice

 

De esta época de joven se dicen muchas cosas de Iturbide. Hay algunos que aseguran que nuestro personaje estuvo involucrado o tuvo que ver en la conspiración del teniente Michelena y que fue uno de los que la denunciaron por el simple hecho de no haber sido nombrado el jefe.

 

Lo anterior no está probado, como tampoco está probado que haya sido pariente o familiar del cura don Miguel Hidalgo. Iturbide se casaría a los 22 años con Ana María de Huarte, estando destacado en la guarnición de Jalapa. Por otra parte, una de las cosas que sí se sabe, y se establece como cierto es que siendo oficial subalterno, al estallar la revolución de independencia, recibió el ofrecimiento de don Miguel (Hidalgo) para que se uniera con el grado de teniente coronel, lo que Iturbide rechazó, pues, según se dice, se le hacía poco.

 

Otra de las razones para declinar tal ofrecimiento sería lógico de explicarse, pues Iturbide pertenecía a una familia de cierto rango y no podía aceptar la manera como los insurgentes hacían la guerra. Por el contrario, cuando los insurrectos se acercaban a Valladolid Iturbide saló para México a presentarse al virrey Venegas, quien lo incorporó las fuerzas del teniente coronel don Torcuato Trujillo para combatir a las fuerzas de los insurgentes (aquellas a las que había siso invitado a dirigir) y que avanzaban de Maravatío a Toluca.

 

 

El verdadero Iturbide

 

Iturbide fue un buen militar. Combatió con energía en la legendaria batalla del Monte de las Cruces, el 30 de octubre de 1810. A partir de entonces se convirtió en un feroz perseguidor de las fuerzas insurgentes, a quienes no dejaba ni a sol, ni a sombra.

 

Personalmente hizo prisionero a un excelente guerrillero como lo fue Albino García, derrotó a un destacado general don Mariano Matamoros, por lo cual el virrey Calleja, de quien era muy amigo, lo nombró jefe de operaciones en El Bajío, lugar donde se sabe cometió muchos abusos y atrocidades. Lugar donde los abusos, robos y arbitrariedades estaban a la orden del día bajo la plácida mirada de don Agustín, quien pretextaba el evitar que los insurgentes se allegaran de fondos.

 

 

Cómo era Agustín

 

Agustín de Iturbide era una persona de muy buen porte, buen jinete, un hombre valiente y de modales distinguidos. No obstante, para su desgracia, como para la nuestra, era en sí mismo una persona sin escrúpulos, frío, ciego, casi un “conspicuo” e intolerable dictador que odiaba a los insurgentes y que, por cierto, nunca lo negó.

 

 

Hacia arriba

 

Y lo que son las cosas, tal vez fue este trato déspota, cruel y despiadado por lo que le considerasen más tarde un buen elemento para dirigir las fuerzas vivas de la opresión y del dominio. Ya antes estaba suspendido del mando, precisamente por las quejas que muchos importantes realistas de El Bajío habían elevado ante la Corona.

 

Pero, en 1821, cuando los conspiradores de La Profesa se pusieron de acuerdo para separar a la Nueva España de la metrópoli (la ciudad de México) y ofrecerle el trono al déspota Fernando VII para que gobernase México en forma absolutista, estas mismas fuerzas necesitaban un buen contingente militar, un buen ejército, bajo las órdenes de un jefe de prestigio, por lo que el virrey de Apodaca no vaciló en proponer a Iturbide, lo cual fue inmediatamente aceptado por los conjurados.

 

 

El inicio

 

Iturbide recibió el mando de tropas, escogió elementos, les dio instrucciones y marchó con ellos al sur, en donde estaba el principal centro de resistencia de los insurgentes al mando de un joven y entusiasta jefe, antiguo lugarteniente de Morelos, el general don Vicente Guerrero.

 

Y si bien los conjurados de La Profesa tenían un plan para independizar a México y entregárselo a Fernando VII, Iturbide, por otra parte, tenía su propio plan. A río revuelto, ganancia de pescadores. Iturbide era muy astuto y quería sacar provecho de todo lo que se le presentase. Si alguna vez estuvo de lado de los realistas, luego podía estar del lado de los conjurados o de los insurgentes. Todo dependería de quién pudiera ofrecer más. En pocas palabras, un hombre vendido.

 

Iturbide tiene un pequeño descalabro al iniciar su campaña, pues no conocía el terreno; pero, a pesar de eso, se repone y logra derrotar a Guerrero, haciéndolo prisionero. Finalmente lo piensa y cree que su tirada no debiera ser esa, apresarlo y fusilarlo, sino que habría que realizar cierta jugada, algo espectacular y obtener nuevamente un mejor y mayor provecho de la situación.

 

 

Guerrero e Iturbide

 

El 10 de enero de 1821 Iturbide dirige una afectuosa carta a don Vicente, que éste contesta con noble arrogancia. Los combates seguían y de algún modo había que terminarlos, al menos eso era lo que deseaban ambas partes. El 4 de febrero Iturbide envía otra carta a Guerrero, invitándolo a intentar la forma de dirimir el problema, tratar de resolverlo y obtener básicamente la independencia de México.

 

Guerreo acepta celebrar la entrevista. Nadie sabía lo que pudiera pasar, ambos bandos desconfiaban el uno del otro; sin embargo, ambos estaban seguros de que, para bien o para mal, se llegaría a un acuerdo La entrevista se realiza el 16 de febrero de 1821, en el poblado de Acatempan, donde ambos personajes se ven, se tocan y se abrazan.

 

Este sería el famoso “Abrazo de Acatempan”, un abrazo de amistad, o tal vez un abrazo de tipo traicionero. Lo principal, hasta este momento era el que ambos jefes se abrazaban con afecto, se veían a la cara, conversaban y, puestos de acuerdo, tomaban la decisión de llevar a cabo la Independencia, aceptando el general insurgente (Vicente Guerrero), con un desprendimiento que siempre le honrará (o que tal vez se le critique por lo demasiado blando o estúpido que fue), acepta que Iturbide sea el jefe poniéndose a sus órdenes.

 

 

El Plan de Iguala

 

Había que proclamar un plan, la independencia estaba por arribar. Hacía falta dinero y éste llega a través de donativos y otras participaciones especiales. Se reúnen aproximadamente unos 575,000 pesos. Se afina el plan, éste se llamaría el Plan de Iguala, que tenía en mente tres puntos principales (unión, religión e independencia) y el cual sería proclamado el 24 de febrero de 1821.

 

En é se establecía la absoluta independencia del reino, teniendo como cabeza un gobierno monárquico gobernado o regulado por una constitución, con la religión católica, apostólica y romana, sin tolerancia de otra alguna, designándose para ocupar el trono mexicano a Fernando VII, quien en caso de no aceptar se le substituía con quien mejor pareciese.

 

 

El Ejército Trigarante

 

El 27 de febrero entra Iturbide a la ciudad de México al mando del Ejército Trigarante. Miles de personas simpatizan con el movimiento, más y más se adhieren a él (una vez visto que era un hecho real la independencia), y todos, casi sin distinción vitorean la entrada de Iturbide.

 

A Iturbide se le nombra presidente y se le da el tratamiento de Alteza Serenísima. Muy pronto por las calles correría el grito de “¡Viva Agustín de Iturbide!”, “¡Viva Agustín I!”, “¡Viva nuestro Emperador!”. Iturbide había jugado listo, había manejado las cosas para convertirse en el emperador de México.

 

 

Coronación y problemas

 

Pero no todo lo tenía a su favor. Había sus detractores y había también quienes querían probar de esas sabrosas rebanadas del pastel que pareciese ser exclusivamente del tal Agustín. Ellos también querían (como en todas partes sucede y ha sucedido) gobernar, tener sus escaños y participar de una manera más activa y más directa.

 

Agustín lo pone a prueba. Sale al balcón de su casa y le dice al pueblo que necesitaba saber la resolución del Congreso para ver si sigue o se va. El Congreso se reúne de madrugada con una asistencia de 94 miembros. Se hace la votación, promulgando un decreto en que se elige como emperador a Agustín de Iturbide.

 

La resolución había sido aceptada 77 votos a favor por 15 en contra, lo que da a entender la gran popularidad con la que reinaba. Se le asigna un sueldo y éste es de $ 1,500,000.00 (¡Un millón quinientos mil pesos mensuales! -¡Y de aquellos tiempos!-), de los cuales cede una tercera parte para fundar un Banco Minero; pero, a pesar de todo esto, la quimera nunca se realiza completamente, pues jamás hubo tanto dinero como para pagar tan elevado sueldo.

 

El 28 de julio de 1822 se corona a don Agustín de Iturbide; pero de inmediato empieza a haber oposición en el Congreso. Iturbide trata de controlar la situación, pero ésta se vuelve demasiado difícil. La rebelión había estallado en Veracruz, encabezada por don Antonio López de Santa Anna, quien pedía la reinstalación del congreso y el desconocer la figura del emperador.

 

La rebelión empieza a ganar terreno. El congreso, gracias a Santa Anna (aquel a quien también critican, pero que no vendió tanto a su país como lo hizo Juárez) es reinstalado el 19 de marzo. Iturbide tiene que salir. Abandona su casa de Tacubaya y sale con su familia con destino a Europa. El Congreso le había otorgado una pensión, pero también le había declarado traidor a la patria, cosa que él ignoraba. Iturbide había llegado a Liorna, Italia. Luego se trasladaría a Florencia y de ahí a Londres.

 

El tiempo había pasado. El 4 de mayo de 1824 Iturbide sale de Londres con destino y rumbo a México. Ignoraba lo de “la traición”. Se acerca a las costas de su país. Desembarca en Soto la Marina, Tamaulipas, el 14 de julio. El gobierno de ese estado lo sentencia a muerte y es ejecutado en el poblado de Padilla, Tamaulipas el 19 de julio de 1924.

 

La noticia había corrido por todos lados. Algunos aplaudían, otros más lloraban. Luego, por decreto firmado por el general Anastasio Bustamante, los restos de Iturbide fueron trasladados a México y sepultados en la capilla de San Felipe de Jesús. Hoy pocos saben o incluso ignoran quién fue Agustín de Iturbide.

 

 

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 5 de marzo de 1990.

 


 

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