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Grandes Personajes

 

 

Rudolf Hertz

 

Federico Ortíz-Moreno *

 

 

Hombre de ciencia. Gran investigador de fenómenos físicos. Hombre cuya actitud fundamental

fue la de curiosidad en todos estos campos que le llevaron a conocer aún más sobre diversos

fenómenos de la naturaleza. Científico alemán que llevase por nombre: Heinrich Rudolf Hertz.

 

 

 

 

Los hombres de ciencia

 

Curioso es observar siempre cómo se van haciendo y formando todos esos destacados hombres de ciencia quienes, muchas veces, desde su inicio, van teniendo ciertas características que los hacen ser diferentes a los demás.

 

Los grandes inventores, los grandes descubridores: Einstein, Edison, Galileo, Daguerre, Watt, Newton, Volta y Morse, entre otros, no siempre han sido comprendidos. Cuando niños se les ha visto como niños o, alejados de la realidad, o chiquillos ya sea retraídos o demasiado inquietos.

 

 

Nuestro personaje

 

Heinrich Rudolf Hertz fue uno de los más distinguidos investigadores de la segunda mitad del siglo XIX, época en que las ciencias físico- matemáticas, lo mismo que las biológicas, apenas empezaban a florecer. Era una época en que se despertaba un inusitado y rápido interés por las cosas poco comunes.

 

Se dice que, curioso, inteligente y humilde como todos los verdaderos sabios (sin dejar a un lado los momentos comunes y propios a todo ser humano donde, a veces, de manera muy explicable, no se excluye la arrogancia, sobre todo frente a colegas desorientados, molestos, envidiosos, lo mismo que frente a un público con frecuencia tonto, incomprensivo y obtuso), su campo de estudios era primordialmente la  física; y, dentro de este campo, se hallaban los fenómenos electromagnéticos.

 

Fueron los descubrimientos de Hertz de gran importancia para el mundo. Estos no solamente serían de la mayor importancia teórica, sino que tendrían gran desarrollo práctico, puesto que comprobaron, por una parte, las ideas del inglés Maxwell acerca de las relaciones entre la electricidad y el magnetismo, ideas que, hasta aquel momento no habían pasado del terreno de la teoría; y, por otra parte, condujeron al descubrimiento práctico de la radiotelegrafía y la radiotelefonía, en pocas palabras, la radiodifusión.

 

 

Hertz nace en Hamburgo

 

Heinrich Rudolf Hertz nace en Hamburgo en el año 1857 (esto es, hace unos 133 años). Era el primogénito de una familia acomodada, lo cual tal vez le valiese el tener o contar con buenos estudios. Así, teniendo esta base, al pequeño Heinrich Rudolf casi nunca le faltaba algo, pues siempre halló apoyo y estímulo económico, moral y cultural por parte de sus padres.

 

El padre de Hertz se hallaba, en ese entonces, al principio de su carrera de abogado. Con el tiempo se elevó a la posición de magistrado del Tribunal de Apelación, y más tarde fue, durante muchos años, senador de la ciudad libre de Hamburgo.

 

 

Infancia y juventud

 

La infancia de Hertz, pudiera decirse, fue de lo mejor. Gozó de todas las influencias puras, sanas y estimulantes que todo padre altamente capacitado y una madre devota pueden ejercer. Ambos dedicaron a sus hijos buena parte de su tiempo. Gustaban de las fiestas y vacaciones, excursiones al campo, fogatas, paseos por el campo y los bosques, y las noches de invierno la pasaban en el confort de su hogar leyendo a clásicos de la literatura, entre ellos a Homero.

 

Ya adolescente, el joven Hertz dio muestras de su inteligencia y viva memoria. Era un ávido lector y excelente estudiante. Era, además, muy hábil en el manejo de instrumentos. Se entretenía a veces, sobre todo cuando caía en sus manos un texto escolar con la descripción de un experimento.

 

Inquieto y curioso como era, Hertz ponía manos a la obra. Cuando leía la descripción de un experimento o ensayo, no vacilaba en construir con sus manos y con los escasos materiales de que disponía pequeños aparatos que poco a poco iban creando o transformando su hogar en una especie de laboratorio.

 

 

Los años

 

Corrían los años en que el desarrollo económico y cultural de los países de lengua alemana empezaba a acelerarse con rapidez e intensidad inusitadas. Por todas partes surgían nuevas escuelas técnicas, se multiplicaban bibliotecas, aumentaba el número de estudiantes interesados en las ciencias. El joven Hertz era uno de ellos.

 

A quien se pregunte cómo era él físicamente, podré decirles que Hertz era un muchacho alto, de cejas pobladas, mirada seria... Era, lo que se llamaba un estudiante muy inteligente, serio y dedicado a sus estudios. Un joven que se había distinguido en su preparación secundaria y poseía grandes habilidades e inquietudes para las matemáticas y las ciencias.

 

 

Estudiante de ingeniería

 

Y fueron los padres quien aconsejaron a Rudolf que la ingeniería era la carrera que más le convenía, pues pensaban que ésta era la que le pudiera ofrecer un mayor y mejor porvenir. Así pues empezó a estudiar esta carrera en 1875, pero pronto demostró por ella falta de interés.

 

La ingeniería le parecía simplemente un repertorio de recetas de cocina a las cuales se les aplicaba la física y la matemática, pero nunca sin ser realmente constructivos, innovadores o portadores de nuevas ideas. Lo que él más bien deseaba averiguar era acerca de "la naturaleza de las cosas".

 

 

Hacia Berlín

 

Hertz deseaba algo más. Así pues se dirige hacia Berlín, en aquel tiempo el gran centro de estudios de física, en Alemania. Allí tendría como maestros a destacados profesores y hombres de gran renombre como lo fueron Kirschoff y Helmholtz. Este último, en particular, quien supiera inspirar en su brillante alumno una verdadera pasión por los estudios físicos.

 

Helmholtz no era, lo que pudiera llamarse, un profesor común y corriente, sino uno de los grandes genios de la investigación y de la enseñanza. Sus estudios sobre la conservación de la energía lo habían hecho famoso. Hertz aprendería mucho de él y parte de sus experimentos partirían de aquellos, hechos por su maestro.

 

 

Hertz y sus estudios

 

Hertz comenzó sus estudios en Berlín en 1878; y gracias a su excelente preparación, lo mismo que a una formidable rapidez mental poco común, pudo terminar sus estudios en un mínimo de tiempo. En 1880 ganó un concurso organizado por la Universidad gracias a su investigación acerca de la inercia de la electricidad en movimiento.

 

Este mismo año publicó dicho estudio y terminó su carrera recibiendo el título de doctor en ciencias físicas. Para recibir dicho título presentó una tesis sobre las esferas rodantes. En seguida fue nombrado asistente de cátedra en el Instituto Físico de Berlín, y presentó varias investigaciones experimentales sobre la elasticidad y las descargas eléctricas de los gases.

 

En 1838 pasó a la ciudad de Kiel como “profesor privado”, o Privatdozent, miembro docente -sin sueldo oficial- de la Universidad. Esto lo había hecho por consejo del propio Helmholtz, quien sabía que el laboratorio de Kiel estaba bastante bien equipado, y que, además, allí tendría Hertz la oportunidad de estudiar y poner en práctica sus experimentos.

 

 

Sus primeras investigaciones

 

Sus primeras investigaciones le llevaron a interesarse en los fenómenos sobre la mecánica de la electricidad, los fenómenos de la luz y el calor radiante. Sus experimentos y la comprobación de muchas de sus teorías le valieron, en 1885, un puesto de catedrático en el Politécnico de Karlsruhe.

 

Aquí no solo encontraría mejores medios o mejor equipo para continuar sus experimentos, sino que, además, halló aquí la mujer de sus sueños. Una muchacha de la que no tardó en enamorarse y que de pronto se convirtió en la esposa ideal: bella, afectuosa, capaz de conversar con él acerca de problemas intelectuales y de darse cuenta de la importancia de sus trabajos.

 

 

Años felices

 

Su vida se convirtió -cuenta uno de sus biógrafos, Manuel Durán- en una serie plácida de experiencias, de completa felicidad. Una combinación de amor hacia la vida y el trabajo. Durante las vacaciones los dos esposos podían compartir el amor a los libros, a la literatura, en especial, y a la naturaleza.

 

En realidad, Hertz era un hombre sencillo, paciente, bondadoso, algo “unilateral” en sus enfoques, a diferencia de otros científicos como el propio Helmholtz que se interesaba por todo. Hertz se avocaba a lo suyo, a aquello que más le interesaba y fue así como llegó a grandes descubrimientos.

 

 

Lo mejor de Hertz

 

Y fue su tenacidad, su dedicado esfuerzo lo que llevó a Hertz a hacer nuevos descubrimientos. En efecto, Hertz demostró en su laboratorio la existencia de las ondas de radio; y, para hacerlo demostrar, construyó el primer radiotransmisor y el primer radioreceptor.

 

Sin embargo, cosas de la vida, a Hertz no se le ocurrió utilizar prácticamente este descubrimiento. No comprendió, quizá, el alcance práctico de lo que había hallado. Claro está que, las bases sentadas por él, fue el proceso de esa larga cadena, gracias a la cual hoy podemos contar con lo que es la radio. Fue a él a quien se le debe y hoy recordamos a través de las “ondas hertzianas”, esas ondas electromagnéticas que hoy llevan su nombre.

 

 

Su legado y testamento

 

Nuestro personaje muere en 1894. Su herencia hoy nos llega aún a través de consecuencias de ese gran descubrimiento, las "ondas hertzianas". La telegrafía sin hilos, las imágenes de telefoto y, por último, la televisión, son producto de los primeros esfuerzos y descubrimientos de un gran hombre y un gran científico como lo fue: Heinrich Rudolf Hertz.

  

 

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 22 de enero de 1990.

 


 

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