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Grandes Personajes

 

 

Byron

 

Federico Ortíz-Moreno *

 

 

Poeta inglés de renombre universal. Escritor, crítico y político de agudos juicios.

Eminente pieza de la nobleza europea que tuviera una vida más que azarosa.

Viajero, fugaz visitante de países extraños. Un revolucionario y apasionado de

la vida. Un hombre fuera de todo tiempo: Lord George Gordon Byron.

 

 

 

 

Nuevamente los poetas

 

Es curioso que a últimas fechas hayan venido a nuestras páginas famosos personajes provenientes, casi, en su mayoría, del género literario. Pero así son las cosas, hoy son unos, mañana serán los otros. Hoy hablaremos de poetas, mañana escribiremos de otras cosas. Hoy seremos ingleses, la próxima seremos, tal vez, franceses, griegos o checos.

 

El mundo de los escritores Dicen -y lo más seguro que con razón- que los escritores son un grupo de gentes medio locas, envueltos en sueños y no siempre apegados a la realidad. Es cierto de que muchas de las cosas que se ven no siempre son bien interpretadas, transpuestas o transcritas al papel; aunque también es cierto, que si no vivimos con sueños nos volveríamos locos. Y es preferible vivir entre sueño y realidad, que en una aplastante y horrenda verdad. La dimensión de los poetas

 

Es de notarse que cada quien tiene lo suyo, cada quien tiene su sentimiento, su inspiración y su alma de poeta. Algunos estarán influenciados por situaciones familiares, otros más por cuestiones sociales o morales de la época, y algunos más debido a otros múltiples factores.  Pudiéramos decir que la vida y obra de Byron estuvo muy ligada a estos tres elementos. Las vivencias tenidas en el seno familiar, en el núcleo de esta célula; las situaciones político-sociales imperantes en esa época; la educación recibida en un país no muy bien visto por los ingleses, a pesar de estar dentro del mismo Reino; las amistades, los viajes, sus experiencias... Todo esto fue conformando la personalidad, obra y vida de Byron.

 

 

George Gordon Byron

 

Jorge Gordon Byron (cuyo nombre completo, en inglés, fue: George Noel Gordon Byron), nació en la ciudad de Londres el 22 de enero de 1788. Algunos dicen que fue escocés, pero creo que es lógico suponer que difícilmente los ingleses pudieran otorgar un título de nobleza a alguien que, a pesar de que perteneciera a algún país como Irlanda, Escocia o Gales, no fuese un verdadero inglés.

 

No fue mucho el tiempo que el pequeño Gordon (como le llamaban algunos), o George (como le llamaban los demás), abandonara Londres para dirigirse en tren y diligencia hasta Aberdeen, Escocia. Sus antepasados por la línea paterna habían participado en la conquista de Inglaterra. Su madre era escocesa y de ahí el motivo por el que se fuera a ese lugar.

 

 

Byron: su infancia

 

Byron tuvo una infancia de penalidad e infortunio. Educado en Aberdeen, Escocia; esta preciosa ciudad no le daría esos gratos y felices momentos que la mayoría de los niños recuerdan. Su madre era de temperamento cruel y difícil, ruda en su manera de ser y tratar al pequeño Byron. Su padre, por otro lado, era un hombre dado al vicio del derroche.

 

Los paisajes de la bella Escocia era tal vez lo único que animaba al pequeño Gordon a vivir una vida más o menos plácida en comparación a toda esa serie de crueldades que veía en su propia casa. Byron hacía travesuras inconscientes. Niño inquieto que no siempre se le dejaba mostrar su verdadera personalidad, el futuro poeta iniciaba ya el trazo de su verdadero carácter y temperamento. Educado en Escocia, al lado de su madre, a quien el padre había abandonado, Byron fue poco a poco aprendiendo, a base de rudos golpes lo que era la vida. Una vida no muy placentera que digamos, pero al fin y al cabo, vida. Estos eran sus primeros pasos, los primeros visos de conciencia y realidad temprana.

 

 

 Título y Nobleza

 

Habiendo procedido de una familia de lo que se llama “verdadera alcurnia”, Byron heredó, en 1798, un título nobiliario, a la vez que una cuantiosa fortuna. Todo esto procedente de un tío suyo de nombre Lord Byron. Este título le traería ganancias tanto primarias como secundarias. Luego, pues, Byron sacaría provecho de todo esto.

 

 

La educación y personalidad del joven poeta

 

Con el suficiente dinero para tener una buena educación, Byron pasó entonces al Colegio de Harrow y a la Universidad de Cambridge. Aquí, en este último lugar se le señaló por su carácter difícil y su afición a los deportes. Difícil y algo brusco en su manera de ser, Byron fue todo un consumado deportista.  Y fue aquí, en el Colegio y la Universidad, donde Byron fuera forjando, así mismo, otros rasgos de temperamento y de carácter. Se dice también por ahí que Byron tenía sus muy peculiares “gustos” o “preferencias”; eso de que le gustase el deporte no era otra forma mas que participar en actividades con personas de su mismo sexo...

 

Claro, “de todo hay en la viña del Señor...”, y esto no deja en entredicho, el que Byron haya sido todo un estupendo poeta y genial escritor. Los “chismes” y los “diretes” siempre han estado a la orden del día; y, entre artistas, músicos, escritores, políticos, científicos y poetas no podría faltar o incluso haber la excepción.

 

 

La vida del joven Byron

 

Se sabe que, una vez terminando sus estudios Byron volvió a sus tierras de Newsteed Abbey, donde compusiera sus primeros versos, Horas de Indolencia (1807). ¡Ah, pero algo pasó...! La Revista de Edimburgo criticó estos versos severamente. A Byron no le pareció y dio la contrarespuesta con una sátira en verso: Los bardos ingleses y los críticos escoceses.

 

Lo anterior tuvo gran resonancia. Byron se convertía en un poeta y escritor polémico. Unos le seguirían y aplaudirían; otros más le señalarían, le atacarían y se mofarían cruel y sarcásticamente de su obra y su persona. Esto le daría más coraje a Byron. Más coraje para escribir y más coraje y odio interno hacia sus enemigos.

 

 

En la Cámara de los Lores

 

En 1908 entra a la Cámara de los Lores. Casi inmediatamente parte hacia Oriente con algunos amigos, pasando por Portugal, España, Albania, Grecia, Yugoslavia, Asia Menor y Constantinopla, donde se queda algún tiempo. Habían transcurrido ya dos años. Estaba pisando el año 1910. Sus experiencias más fabulosas, sin duda alguna, habían sido en estos cinco países ya mencionados y los otros dos lugares, igualmente reseñados. Portugal le había parecido sobrio, elegante; España le había parecido alegre y fascinante; la blanca Albania le había sido mágica y misteriosa, toda envuelta en un enorme misterio; Grecia y Yugoslavia le habían parecido sumamente bellas, mientras que Asia Menor y Constantinopla le habían completamente fascinado.

 

 

Su vuelta a Inglaterra

 

La situación cambia y Byron vuelve de nuevo a Inglaterra, donde participa con más interés y ahínco en la Cámara de los Lores, lo mismo que en la Cámara de los Comunes. En 1812 publica los dos primeros cantos de Childe Harold, así como una serie y colección de sus mejores poemas. En 1815 contrae matrimonio, pero al año la esposa lo deja y se separa. Los motivos son inciertos; pero el escándalo es grande, lo que hace que Byron salga nuevamente del país y decida irse a radicar temporalmente a Suiza. 

 

En Ginebra escribe “El Prisionero de Chillón”. Más tarde, en Italia, escribe otras obras y poemas. Italia le gusta, aunque no siempre radica en el mismo lugar. Vive un tiempo en Roma, luego pasa a Venecia, de ahí nuevamente a Roma, después a Ravena y más tarde a Florencia. El arte le llama mucho la atención, de ahí a que decida permanecer un tiempo más en este lugar.

 

 

Su vida y sus costumbres

 

Es en Italia donde termina su obra Childe Harold, para luego escribir ahí mismo otro de sus grandes poemas: Don Juan. Su espíritu aventurero y amor a la libertad lo impulsan a hacerse jefe de un grupo medio revolucionario de Pisa para luego ayudar con su fortuna a los patriarcas griegos en su lucha contra los turcos (1823). Más tarde sería él mismo quien decide intervenir personalmente en la guerra de independencia; sin embargo, el clima mina su delicada salud. Byron muere en 1824, no sin antes haber ganado, gracias a su brillantez y su carisma, cientos de amigos; aunque fuese esta misma brillantez de indisciplina el que le haya valido perder una misma cantidad de amigos.

 

 

La obra de Byron

 

La obra de Byron comprende numerosos cuentos, relatos y poemas. El principal de ellos fue el Childe Harold's Pilgrimage (“El peregrinaje de Childe Harold”). Otras de sus obras son: La novia de Abydos, El corsario, Lara, El sitio de Corinto, Parisina, Las lamentaciones de Tasso, Beppo, Meseppa, Don Juan (inconcluso), La profecía de Dante, La edad de bronce (una sátira al Congreso de Verona), y algunos dramas como Manfredo y Los Dos Toscari, así como sus Memorias, distribuidas después de su muerte por el editor Moore.

 

 

Childe Harold

 

No cabe duda que una de las obras más conocidas de Byron ha sido Childe Harold. Aquélla que él mismo definiera como una colección de notas de viajero, mezcladas con recuerdos, descripciones y digresiones personales. Una obra que relata la aventura de un joven inglés en su viaje por el mundo. Una obra cuyo argumento se centra en Childe Harold (personaje central de la obra), que hastiado de placeres sale a conocer el Oriente. Visita las riberas del Tajo, Lisboa, Sevilla y Cádiz. Se interna luego en el Mediterráneo para desembarcar en las costas de la extraña y blanca Albania.

 

De Albania hace una pintoresca descripción del país. Supuestamente entra por Durazzo (o Durrés, como dicen algunos). Va hacia Kruja y Tirana, la capital. Pasa por parte de Yugoslavia. Se dirige a Grecia y se emociona ante el contraste de tantas glorias y tanta miseria. En Atenas visita Acrópolis, el Partenón Griego. Estampa su firma en una de las columnas.

 

Tiempo después vuelve a Inglaterra, para partir casi en seguida, cansado de luchar por una sociedad que no lo comprende. En Waterloo medita sobre la vanidad de la grandeza; desciende sobre el Rin, saludando la belleza de tantos y tan hermosos paisajes salpicados de hermosos castillos medievales. Se aventura luego hasta Suiza e Italia, país este último donde canta a la belleza decadente de Venecia y las grandezas de Florencia y Roma.

 

 

Muchas, muchas las cosas...

 

Son muchas, muchas las cosas que se pudieran relatar de este poeta y viajero de países y la vida. Su locura y su espíritu rebelde le valieron muchos epítetos. El, sin embargo, prefería seguir su lucha. Imaginativo, egocéntrico, maniático, genio ardiente de la creatividad y la imaginación, aventurero de corazón. Un hombre que conoció el mundo como ahora el mundo lo conoce a él: a Lord George Gordon Byron.

 

 

Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 15 de mayo de 1989.

 


 

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