Ven a mi mundo

 

 

De aquí y allá

 

 

Vivir sin dinero *

 

 

 

 

Heidemarie Schwermer es el nombre de la mujer alemana que hace poco más de dieciséis años, en 1996, tomó la valiente decisión de vivir sin someterse a la dictadura del dinero. Desde entonces, lleva casi dos décadas sin utilizar una sola moneda o billete. Su proeza no ha dejado a nadie indiferente y ahora ha quedado reflejada en un documental estrenado el año pasado y que va ya por las 250 proyecciones en más de 30 países. También ha dejado constancia de lo vivido en sus últimos años en su autobiografía, “Mi vida sin dinero”.

 

En estos años, Schwermer ha demostrado que renunciar al dinero no supone vivir en la indigencia, ella por ejemplo viste con sencillez, pero con elegancia, tiene un ordenador y un móvil… todo gracias al intercambio.

 

 

Su historia

 

Heidemarie Schwermer nació en 1942 en Memel (antigua Prusia Oriental). Durante la Segunda Guerra Mundial, ella y su familia llegaron como refugiados a Alemania, donde creció. Trabajó como profesora durante casi 20 años, antes de que se hiciera psicoterapeuta. Tiene dos hijos y tres nietos.

 

En 1994 fundó el “Give and take central” la sociedad de trueque en Dortmund, pionera en Alemania y una de las primeras de Europa. Dos años más tarde, al poco tiempo de quedarse viuda, Heidemarie, que trabaja como funcionara, dejó su puesto “seguro” a fin de hacer un experimento que consistiría en vivir durante un mes sin utilizar el dinero.

 

El experimento le funcionó y dos años después, regaló su casa y su coche. Se deshizo de todas sus pertenencias, excepto de una maleta con algo de ropa, e inició su nueva vida, pese a las advertencias de su familia.

 

Poco a poco se las fue arreglado para salir de las estructuras existentes y encontrar una nueva forma de vida, libre de preocupaciones y posesiones. Desde entonces, lleva 16 años viviendo gracias al trueque.

 

Heidemarie ha publicado el libro “Das Sterntalerexperiment – Mein Leben ohne Geld” (“El experimento Sterntaler – mi vida sin dinero”) El libro está traducido al italiano, español, japonés y surcoreano.

 

 

Una vida sencilla

 

Ahora, sin dinero, su vida es mucho más sencilla. “Doy lo que quiero dar y me dan lo que necesito”, ha confesado en una entrevista a la web de la cadena de televisión británica BBC. Gracias al trueque cubre sus necesidades más básicas sin someterse “al poder del dinero” y al “tanto tienes, tanto vales”.

 

Heidemarie Schwermer no pretende cambiar el mundo, sino demostrar a la gente que existen formas de vivir distintas a las convencionales, aunque no exentas de dificultades. Mi actividad, que tiene como misión llamar la atención sobre la injusticia, es mi vocación”, dice esta mujer.

 

 El pilar básico de su filosofía es que todos somos iguales, igual de importantes. De ahí la importancia del intercambio como forma de pago en esta nueva vida lejos de bancos, hipotecas y deudas: “Todos sabemos hacer algo, y siempre hay algo que necesitemos a cambio. No es necesario hacer algo que te gusta sólo por ganar dinero y gastarlo en cosas que no necesitas”.

 

 

Entrevista

 

El ejemplo de Heidemarie Schwermer se resume en un gesto: cuando cobró el dinero de los ingresos correspondientes a la publicación de su libro ‘Mi vida sin dinero’ lo repartió entre mujeres maltratadas, asistentes sociales y diversos colectivos de ayuda. Y es que ella no lo necesitaba.

Su historia comienza cuando en 1994 crea una sociedad de trueque en Dormund, uno de los primeros de Europa. En él se intercambian tareas, no dinero: si tú sabes cocinar y  me haces la comida, yo te arreglo el coche… Éste tipo de transacciones suponen un cambio radical en el sistema de concebir la economía…

Para empezar, tiene un efecto de refuerzo de la personalidad y de la confianza en uno mismo: ofreces lo que sabes hacer, con lo que la alienación que produce el formar parte de un trabajo que no te motiva y que no tiene nada que ver contigo desaparece.

Al mismo tiempo tiene un efecto absolutamente corrosivo hacia la estructura basada en el poder del dinero-deuda: como es una práctica basada en la confianza mutua y la solidaridad, destroza los convencionalismos bancarios basados en el ‘tanto tienes, tanto vales’. Aquí ésta frase no tendría significado pues como todos sabemos hacer algo, todos somos igual de importantes. De hecho Heidemarie remarca la importancia de la igualdad en los intercambios.

En 1996 dio un paso más en su compromiso y decidió llevar a cabo su idea de vivir sin dinero. Regaló sus muebles, sus libros, dejó su casa de alquiler: el dinero lo recibieron sus hijos. Y empezó a vivir de acuerdo a los principios de intercambio de tareas: a cambio de cocinar para cinco personas tiene techo, o a cambio de terapias tiene internet o teléfono móvil. Y se considera tremendamente feliz.


 

Postura

 

Su postura no es fruto del momento: es la consecuencia de un análisis frío y racional del mundo donde vivimos. Por cierto: para el 2010 se anuncia un documental con su experiencia…

Estas son sus palabras en una entrevista de La Contra de la Vanguardia, publicado el 9-4-2002.

¿Cuánto dinero lleva usted encima?

Nada de nada.

¿Ni un solo euro?

¡Mis dedos no han tocado todavía un euro! Vivo sin dinero desde hace ya seis años.

¡Seis años! ¿Y de dónde saca la comida?

Me la dan en un restaurante biológico. A cambio, yo les cocino, les limpio…

¿Y la ropa?

Sé de personas con las que puedo intercambiarla.

Lleva al cuello un collarcito…

Un regalo. Yo también regalo cosas.

¿Como qué?

Mi tiempo, mi ayuda, mi conversación, mis habilidades… O las intercambio por un bono de autobús. El otro día ayudé a unos padres a resolver un conflicto con sus hijos y me regalaron sus pases para la ópera.

¿Entiende usted de niños?

Fui profesora de niños, y lo dejé. Luego fui psicoterapeuta, y lo dejé también.

¿Por qué?

Yo me hice profesora porque quería mejorar el mundo. Pero no avanzaba: el sistema educativo está concebido para alimentar el intelecto de los niños, pero no el corazón.

¿No exagera?

A los niños se les orienta para ser competitivos en algo, y así conseguir un trabajo y que ganen dinero y más dinero. ¿Eso es todo, señores? ¿Y qué pasa con sus vidas? ¿Lo ve? ¡Todo está enfocado a tener y no a ser!

Y cambió la pedagogía por la psicología.

Sí. Me especialicé en terapia gestáltica y ganaba mucho dinero en mi consulta. Tuve 15 coches sucesivos, una casa llena de cosas… Y tampoco me pareció que así el mundo mejorase mucho…

Y dejó también la psicología.

Lo dejé todo. Fui regalando a vecinos y amigos mis libros, el coche, mis muebles, mis pertenencias… Cuando el salón de casa quedó vacío… ¡me puse a bailar, a bailar…! Me sentí tan ligera, tan libre, tan feliz…

¿Y sus cuentas corrientes?

Mi madre siempre decía: ‘¡Cómo me gustaría que me tocase la lotería para regalaros dinero!’ Eso hice yo con mi dinero: lo repartí entre mis hijos y luego cancelé las cuentas.

¿No le han dicho que está loca?

Sí, muchas veces. Pero que conste una cosa: yo no incito a nadie a que haga como yo.

¿Y por qué hace esto?

Empecé a plantearme si realmente necesitamos tantas cosas, y comprar y comprar. Y me convencí de que no, de que son posibles formas de vida que no pasen por el dinero.

El dinero, como símbolo del coste de las cosas, es un invento práctico, comodísimo.

Fue un gran avance, es verdad, muy útil para el intercambio… hasta que se convirtió en un valor en sí mismo, y acumularlo es la meta, y su posesión mide el valor de la gente: ‘tanto tienes, tanto vales’. ¡Estoy en contra!

Cuando su casa quedó vacía, ¿qué hizo?

Abandonarla. Unos amigos iban de viaje y me dejaron la suya a cambio de arreglarles el jardín. Ahora duermo en la buhardilla de la oficina de unos amigos. Yo les limpio y me ceden también el uso de un ordenador.

¿No es una vida muy dura?

Al principio lo pasé mal. No quise pedir ayuda a nadie. La soledad… Fue duro. Pero, poco a poco, haciendo trabajos a cambio de cosas, creando una red de trueque…

¿Cómo es eso?

Fundé con otras personas, en Dortmund, un centro de intercambio de ‘dar y tomar’: cada uno da lo que tiene y toma lo que necesita. Clases de cocina por clases de idiomas, un par de horas de canguro por un corte de pelo, pintar un piso por arreglar un jardín…

No me imagino viviendo sin un duro…

Pues yo, ahora, ¡soy más rica que nunca! Tengo de todo. Y hago lo que me apetece…

Yo tengo que pagar el cole de los niños.

¡No le pido que haga usted como yo! Pero le sugiero pensar esto: ¿puede prescindir de algunas cosas por las que hoy se afana tanto?

Seguramente sí. Parece usted Jesús diciendo: ‘Si tienes dos túnicas, regala una’.

Ja, ja. O lo de ‘las flores del campo no necesitan vestidos, ni los pájaros casa’, ¿eh? Sí… ¡yo hasta abandoné la seguridad social!

Imagínese que se pone muy enferma.

¡No imagino eso! Si imaginas algo, induces que suceda… Y si quieres algo, lo logras. Entre mis amigos hay médicos que me cuidarían, y yo les compensaría luego.

No pagará usted impuestos, claro.

No. Como no tengo domicilio fijo, no tengo ni derecho a voto. Soy una ‘sin techo’.

Alguien podría decirle: ‘Es usted una mujer antisocial y una insolidaria’.

Y me lo han dicho. Que soy una vaga, una aprovechada… ¡Es muy injusto! Mi idea es que pueden hacerse cosas, cooperar y trabajar mucho sin que medie el dinero. Y lo hago. Verme hacerlo da rabia a cierta gente.

Descríbame cómo sería su mundo ideal.

Un mundo de individuos responsables: cada uno toma lo que necesita y da luego lo que puede: ¡todo el mundo tiene algo que ofrecer! Por ejemplo, en esta cafetería yo me tomaría un café y me iría… Se entiende que luego, en otro sitio, yo daría algo, un servicio, un trabajo, una ayuda a otro. ¡Serían menos horas encerrados trabajando en fábricas y habría más relaciones interpersonales! Y se acabarían los abismos entre ricos y pobres.

Primero deberíamos ser todos santos.

Todos debemos mejorarnos a nosotros mismos: esto es muy importante y es viable.

¿Y qué hace con lo que gana con su libro?

Lo he repartido. Y ahora pido que me remuneren lo que escribo con servicios.

¿Aguantará usted así… hasta el final?

Sí, ¡me gusta mi vida! Escribo, hago cada día lo que me apetece: vivo. ¡Soy muy rica!

 

 

Música de fondo: “No tengo dinero”, tema de Juan Gabriel, compositor mexicano

 

 

 

Fuente: El presente artículo me fue referido por una buena amiga de Rumania, radicada ahora en Alemania.

 


 

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