Ven a mi mundo

 

   De aquí y allá    

 

 

Vocación burocrática *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

—¿Así es que usted, joven, según dicen estas noventa y nueve cartas de recomendación, tiene ambiciones de trabajar en esta Secretaría de mi digno cargo?

—Sí, señor.

—¿Sabe usted que ocupar un puesto en el vasto engranaje de la administración pública, exige en un gran sentido de responsabilidad?

—Sí, señor.

—¿Así como un absoluto espíritu de sacrificio?

—Sí, señor.

—¿Y que no siempre el éxito nos sonríe y que es muy duro soportar un fracaso?

—Sí, señor.

—¿Y que entonces debemos obedecer y armarnos de paciencia hasta que llegue el ascenso a un puesto mejor remunerado?

—Sí, señor.

—¿Y que en multitud de ocasiones tenemos que cargar con el muerto cuando alguno de nuestros superiores mete la pata, lo cual es por demás frecuente?

—Sí, señor.

—¿Se da usted cuenta de que el perfecto burócrata debe ser estoico, para resistir impertérrito los insultos del público que forma cola ante una ventanilla o que vocifera porque se ha extraviado algún expediente?

—Sí, señor.

—¿Y que hay que compartir las... ejem, gratificaciones, con todos los superiores jerárquicos, quedándose a veces con un mísero tostón?

—Sí, señor.

—¿y que es menester contribuir generosamente para obsequiar a los jefes en Navidad o con motivo de sus onomásticos?

—Sí, señor.

—Supongo que estará usted enterado de que en muchas ocasiones tenemos que aguantarnos y sobrellevar con una sonrisa las tremendas cargas de algún recomendado perfectamente inútil y además latoso.

—Sí, señor.

—¿Sabe usted que en la actual administración, fieles a la consigna de arriba y adelante, tenemos que estar en nuestras oficinas desde que raya el sol, por si nos alarman con un timbrazo desde Los Pinos o desde Palacio, y a veces desde Estocolmo o Kabul?

—Sí, señor.

—¿Se considera parte de algo así como quinientas comisiones coordinadoras?

—Sí, señor.

—¿Y de tomar el avión en cualquier momento para llevar a cualquier sitio de América, Europa, África, Asia u Oceanía un expediente que haga falta?

—Sí, señor.

—¿Y de llevar a su mujer vestida de juchiteca si alguna vez los invitaran para hacer bulto en alguna recepción oficial?

—Sí, señor.

—¿Y de beber cantidades ingentes de horchata tibia, agua de tamarindo, chía o jamaica?

—Sí, señor.

—¿Aun en la misma Jamaica?

—Sí, señor.

—Perfecto ¿Qué estudios ha hecho usted? ¿De economía?

—Sí, señor.

—¿Tiene alguna especialidad técnica?

—Sí, señor.

—¿Está usted capacitado para afirmar y demostrar un día que algo es blanco, y al siguiente para asegurar y comprobar que es negro?

—Sí, señor.

—Magnifico, Lo felicito a usted, joven. Tiene usted madera de burócrata y temperamento adecuado para trepar por el escalafón a pasos agigantados. Inclusive podría asegurar que, si tiene menos de dieciocho años de edad, podría saltarse el escalafón a la torera y llegar a ser gobernador o embajador o subsecretario en un abrir y cerra de ojos. o de un solo ojo, pues advierto que es usted tuerto; lo cual no es impedimento, desde luego, viniendo de Guadalajara y estando recomendado por varios miembros de la familia de la compañera. Preséntese mañana a la dirección de Personal, donde le extenderán el nombramiento correspondiente.

—Sí, señor.

—¿No sabe usted decir otra cosa?

—Muchas gracias, señor.
 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Sufragio en efectivo no devolución”.

 

 


 

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