Ven a mi mundo

 

 

De aquí y allá

 

 

Transporte chino *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Hace algunos años, desde esta misma columna, me permití sugerir la conveniencia de importar algunos cientos de miles de chinos con coleta, a quienes se dotaría de sus correspondientes carritos de mano -que en Oriente se llaman rick-shás- como recurso para aliviar el agobiante problema de tránsito y transporte que aflige a la ciudad de México.

 

Desgraciadamente el proyecto no cuajó, en virtud de que el licenciado Uruchurtu, a la sazón regente de la ciudad capital, le tenía particular ojeriza a los chinos, pues según parece en una lejana ocasión le derramaron en un cafetín de Bucarelí un plato de chop suey sobre el único trajecíto que entonces tenía.

 

 

 

Ahora que ya no administra las metropolitanas vidas el Alcalde de Hierro, y teniendo en cuenta que el problema de circulación y transporte urbano sigue siendo por demás angustioso, nuevamente me atrevo a proponer la implantación de este factible sistema que tan buenos resultados ha dado durante siglos enteros en las populosas y desordenadas ciudades del Lejano Oriente, con las que nuestra capital tiene gran semejanza.

 

La ciudad de México se parece mucho más a Shangai o a Cantón que a Londres o Nueva York -desbarajuste, mugre, limosneros, puestos de fritangas, camiones destartalados, etc.-, por lo cual en vez de perder tiempo y dinero en la construcción de "metros" y viaductos de ocho pistas con pasos a desnivel, convendría más adaptar los sistemas y procedimientos que han resultado eficaces en las grandes aglomeraciones humanas sin dinero y sin disciplina.

 

Examinemos los pros y los contras del sistema que se propone:

 

Materia Prima. Prácticamente inagotable. Mediante un ingenioso sistema de trueque podríamos importar cientos de miles de chinos, digamos a cambio de artistas de televisión, de los cuales tenemos un buen excedente. En caso de necesidad de refacciones, ahí están los 800 millones de súbditos del señor Mao Tse-tung, cuya reproducción le da punto y raya a cualquier fábrica norteamericana de motores en serie. Por lo que respecta a la carrocería, o sean los rick-shás propiamente dichos, éstos podrían construirse a muy bajo costo aquí mismo en México, creando así una nueva fuente de trabajo para nuestros humildes y hábiles artesanos, que hasta ahora sólo hacen guitarritas y muñecos de petate para los turistas.

 

Mantenimiento. Muy económico. Los chinos no consumen gasolina, sino arroz. Además de incrementar indirectamente la produeción nacional de dicha gramínea, contribuirían a la purificación de la atmósfera, ya que si bien los chinos fuman opio, los humos que despidan serán mucho menos venenosos que los que actualmente arrojan los coches y camiones. También dentro del renglón de mantenimiento, es muy posible que la dieta de los chinos-taxis contribuya a la desratización de la ciudad.

 

Con toda seguridad el señor Reyes Heroles pondrá el grito en el cielo -no por el consumo de ratas, sino por la falta de consumo de gasolina-, pero a este respecto nos permitimos recordarle que ya se descubrió el procedimiento para obtener alimentos derivados de petróeo. Disminuirían las gasolineras, pero se robustecería la CONASUPO.

 

Funcionamiento. Los rick-shás ocupan muy poco espacio –lo mismo que los chinos, que suelen ser muy delgados- y se deslizan por las calles sin hacer ruido y sin abrirse paso a claxonazos. Es cierto que las distancias en la ciudad de México son muy grandes para que las trote un solo chino, pero podría establecerse un sistema de relevos. Surge el problema del idioma, pero por eso sugerimos que los chinos vengan con coleta. Así, un tironcito 'significaría alto. Dos tironcitos, adelante. Uno a la izquierda, vuelta para ese lado. Otro a la derecha, vuelta para ese otro.

 

La misma falta de comprensión mutua del idioma resultaría ventajosa, ya que ningún chino podría rehusarse a dar servicio alegando que va a encerrar, maña típica de los actuales taxistas. Y si así lo hiciere, con aplicarle el artículo 33 constitucional quedaría resuelto el problema. Nosotros no podemos meter en cintura a nuestra propia gente, pero en cambio disponemos de procedimientos muy rápidos y efectivos para deshacemos de los extranjeros que nos caen gordos. y por lo que respecta a los accidentes, éstos disminuirían en forma notable, ya que no es lo mismo un camionazo que un tope con un chino.

 

Beneficios Adicionales. Son muchos. Por falta de espacio no podemos enumerarlos en su totalidad. Pero baste decir que el mismo licenciado Alemán le sacaría provecho al asunto como atracción turística. Imagínense ustedes lo pintoresco que se vería el Paseo de la Reforma y la Avenida Juárez con miles de rick-shás de diversos colores, yendo y viniendo al trote, con el propio licenciado Alemán sonriendo desde uno de ellos…

 

 

Música de fondo: “En un bosque de la China”, tema infantil.

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

     Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

     Tomado del libro “Clarooscuro”.

 

 


 

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