Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

La señora que no tenía nada que ponerse *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

_ No tengo nada que ponerme _gimió por enésima vez la señora del profesor Chicharro, el famoso entomólogo.

El profesor Chicharro. A quien reventaba que lo interrumpiera cuando se encontraba estudiando y clasificando una rarísima especie de insectos lipópteros menosponoides, se quitó las gafas con gesto de fastidio y sin decir palabra tomó del brazo a su mujer y la condujo a su habitación. Ahí abrió un armario y señaló una vasta colección de vestidos, abrigos, trajes sastre, blusas, conjuntos, mini y maxifaldas, ropa interior y doce suéteres de fina lana, carísimos todos.

_ Todo esto _gruñó  el profesor_ es para ponerse. Posiblemente habías olvidado su existencia, ¿no? Muy bien. Ahora que ya te solucione el problema, espero que me dejes en paz para seguir estudiando mis bichos, como tú las llamas.

_ El problema no está solucionado, Epigmenio _volvió a gimotear la señora_. El problema se mantiene incólume. Observa que solo tengo doce suéteres de lana.

_¡Te felicito! --- sonrió irónicamente el profesor Chicharro_. Quiere decir que pasarás el invierno muy bien abrigadita.

_ Sí, claro. Pero más abrigadita lo pasará nuestra vecina, la señora de Barbacoechea, que tiene veinticuatro. Y como todo es relativo en este mundo, si ella tiene veinticuatro y yo solo doce, significa que no tengo nada qué ponerme. ¿Lo crees justo?

El profesor Chicharro se rascó la coronilla. Nadie como él entendía a los insectos, desde los más elementales colemboluros hasta los complicadísimos blatopteroides zorápteros, pasando por los ectotrofuros, los seudorrincotos y los liposcelomorfos, en todas sus especies, familias, órdenes y subórdenes, pero si hubiera tenido que clasificar a las mujeres, habría renunciado a tan abrumadora como engorrosa tarea.

Sin embargo, dejó de rascarse la coronilla y decidió seguir los vericuetos de la lógica femenina, tan difícil de entender.

_ Es decir, que si la señora de Barbacoechea no tuviera ningún suéter, tú tendrías nada menos que doce para ponerte, ¿no es así, mujercita querida?

_ Así es _repuso la mujer del entomólogo secándose una lágrima.

_ Muy bien _sonrió misteriosamente el profesor Chicharro_. Entonces creo saber cómo solucionar tu problema.

Y se alejó hacia su laboratorio, dejando a la señora con un mohín de labios frunciditos de mujer incomprendida.

Llego el invierno, con sus fríos terribles.

El profesor Chicharro se encontraba clasificando y estudiando su vastísima colección de insectos. La señora de Chicharro hablaba por teléfono. Mejor dicho, escuchaba. Una ancha sonrisa de triunfo femenino se dibujó en sus labios, que ahora ya no estaban frunciditos. Cuando colgó el aparato, se dirigió a su marido.

_ ¿Sabes una cosa, querido?

_ Sí, sí la sé _repuso el famoso entomólogo sin dejar de mirar a través de su microscopio_. La señora de Barbacoechea no tiene ningún suéter  y tú tienes doce; ergo: tú tienes un montón de suéteres qué ponerte.

La señora de Chicharro miró a su marido con ojos lleno de asombro. Ella sabía que era un genio de la entomología; pero no un telepata ni un adivino.

_ ¿Cómo lo sabes?

El profesor tomó delicadamente con sus pinzas a un extraño ejemplar de libélula y le barnizo el tegumento.

_ Porque hace tres meses me permití enviarle de regalo a la señora de Barbacoechea un precioso suéter de lana australiana, a cuadritos y con puños reversibles.

_ En tal saco debería tener veinticinco, y ahora me dice que no tiene ninguno…

El profesor miró a su mujer por encima de sus anteojos. _ O sea que mi plan dio resultado. Suponiendo que nuestra vecina cometería la imprudencia de guardar el suéter con los otros en el armario, asimismo me permití aderezarlo con mil huevecillos de lepidóptero papilinoide tineo morfo, vulgo polilla. Y una de las características de la polilla es su diligencia, sobre todo cuando se trata de suéteres de lana.

 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de El libro de las comedias”.

 

 


 

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