Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

Los provincianos vistos por los capitalinos *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

 

Declaran los capitalinos:

"La tranquilidad y el aire puro de los provincianos nos destroza los nervios y los pulmones"

 

Atropellada, precipitada, aturdidamente logro entrevistar a don Lamberto Castañeda, un hombre de negocios capitalino que emplea dieciocho horas de las veinticuatro que tiene el día en buscar taxi o estar esperando camiones, ya que su propio automóvil siempre queda estacionado a quince o veinte kilómetros de su oficina.
[....]
— ¿Qué opinión tiene usted de la provincia? —inquiero.
— Que está muy bien para pasar unas vacacioncitas, pero nada más.
— ¿No le gusta la tranquilidad?
—No, porque me pone aún más agitado. Cuando se vive en un ambiente de conmoción constante, lleno de ruidos y movimientos, la quietud puede servir de sedante momentáneo, pero a la larga destroza el sistema nervioso. Los hombres de asfalto estamos ya tan acondicionados a vivir en este medio, que cualquier cambio prolongado nos aniquila. Nos sacan de nuestro “hábitat” y perecemos.
—De no vivir en la ciudad de México, ¿dónde le gustaría tener su residencia?
—En Nueva York, en Tokio, en Londres... En cualquier ciudad que pase de los diez millones de habitantes.
—Pero yo digo de la República.
—¡Dios me libre y Hank González me ampare! Fuera de México todo es Cuatitlán, aunque dicen que Cuatitlán, gracias a su vecindad con la metrópoli, ya es más grande y tiene más smog que cualquier capital de provincia. De cualquier manera, me horrorizaría vivir en un pueblo.
—¡Pero hombre! No todos son pueblos. Existen ciudades grandes e importantes: Gaudalajara. Monterrey, Torreón, Puebla, Mérida...
—¿Tienen luz eléctrica?
—Naturalmente.
—Yo creía que se alumbraban con velas. Además, me molestaría mucho eso de que no tener teatros, restaurantes cosmopolitas, espectáculos artísticos, encuentros deportivos...
—De todo eso hay, señor Castañeda.
—Lo dudo mucho. Hace como veinte años fui a Huejotzingo y sólo había un cine, que funcionaba con manivela y lámparas de petróleo. Estaban pasando una película de la Guerra Mundial. De la primera.
—Bueno, pero no toda la provincia es Huejotzingo.
—Por ái se va. Además, yo no podría soportar eso de tener que saludar a alguien en la calle cada dos minutos... ¡No, qué horror! En provincia todo el mundo conoce a todo el mundo y todos están enterados al dedillo de la vida y milagros de los demás...
[....]
—En resumen, señor Castañeda, ¿qué opina usted de la provincia?
—Que debería incorporarse a la civilización. Lo cual ocurrirá muy pronto, pues dentro de unos cuantos años (o meses, al paso que vamos) la ciudad de México habrá absorbido el resto del país y los estados ser convertirán en zonas postales o simples delegaciones. Será el triunfo del federalismo… 

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Los unos vistos por los otros”.

 

 


 

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