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  De aquí y allá     

 

 

¿Quién fue Perogrullo? *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Uno de los personajes que con más frecuencia se cita en el lenguaje escrito y hablado es el tal Perogrullo, sin que nadie sepa a ciencia cierta quién fue, ni en qué época vivió, ni dónde ni cómo expresó el sinnúmero de axiomas y truismos que se le atribuyen.

 

Veamos lo que al respecto dice el diccionario:
 

Perogrullada: Verdad o especie que por notoriamente sabida es necedad el decirla.
Perogrullo: Perteneciente o relativo a la perogrullada.
Verdad de Perogrullo: Perogrullada.
 

O sea, que es un círculo más vicioso que una mesa redonda de estudiantes norteamericanos fumadores de mariguana. No especifica quién fue el señor Perogrullo ni cómo se iniciaron y se propalaron sus sabias sentencias. El hecho mismo de decir que “Perogrullo” entra en la formación de “Verdad de Perogrullo”, es la más solemne de las perogrulladas.

No nos queda, en consecuencia, más remedio que dejar todo a la imaginación. En esta época de retratos hablados, será relativamente fácil hacer una semblanza del célebre personaje, aun cuando no dispongamos de datos precisos sobre su origen, vida y obras. Para rellenar tan lamentable vacío, a continuación proporcionamos lo que podría ser una biografía básica:

Grullo (Don Pedro, más conocido por el apócope Perogrullo).- Filósofo y lexicógrafo español con numerosa descendencia en todos los países donde se habla la lengua de Cervantes, nacido a mediados del siglo XV en los cerros de Úbeda o en la Luna de Valencia. Contemporáneo del célebre humanista y gramático Antonio Martínez de Cala, más conocido como Elio Antonio de Lebrija, ayudó a éste en la confección de la primera gramática castellana, principalmente en el capítulo de sintaxis, habiendo contribuido a la formación de numerosas frases que no por sabidas se callan. Su fertilidad en esta disciplina fue verdaderamente extraordinaria. Por espacio de quinientos años millones de hispanohablantes en cuatro continentes, han hecho y hacen uso de sus más sobadas expresiones, al grado de que puede decirse que más del cincuenta por ciento del lenguaje, tanto escrito como hablado se basa en perogrulladas.

Sus nobles sentencias se emplean con gran asiduidad en las conversaciones de bar y de café, discursos políticos, editoriales periodísticos, declaraciones de amor, informes gubernamentales y charlas entre señoras. Se calcula conservadoramente que el hombre y la mujer de habla española emplean un mínimo de 527 perogrulladas en el transcurso de veinticuatro horas, para dar a conocer lo más profundo de sus pensamientos. El día en que por decreto oficial se prohibiera el uso de las perogrulladas, además de que los oradores políticos y los locutores y comentaristas de radio y televisión se iban a quedar sin habla, una inmensa mayoría de la población vería seriamente restringida su facultad de expresión. Consecuentemente, como hubiera dicho el propio Perogrullo, la elocuencia sin perogrulladas quedaría reducida al empleo de monosílabos. Y aun éstos serían necesariamente perogrullescos.

No se sabe cómo fue Perogrullo, física, espiritual e intelectualmente hablando. Se considera, sin embargo, que fue un hombre ni alto ni bajo, ni rubio ni moreno, ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco. No fue muy bueno que se diga, pero tampoco fue malo. Fue tontito, eso sí, pero en grado normal. Se supone que fue casado y que tuvo hijos, deudas y broncazos. Con toda seguridad escribió artículos.

Sin embargo, su contribución a la formación del idioma fue tan extraordinaria, que es una vergüenza que su nombre no esté inscrito con letras de oro en los augustos recintos de las diversas Academias de la Lengua, y que no se haya creado un Premio Nobel de Perogrulladas. Aunque este último no iba a alcanzar para tantos millones de candidatos.

 

 

Música de fondo: “La Partita di Pallone”, tema del la cantante italiana Rta Pavone. En español: “La partida de balón”.

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de El cañón de largo alcance”.

 

 


 

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