/ / Marco A. Almazán  

 

 

 

 

Noviazgo a la mexicana *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

En México, el noviazgo se basa fundamentalmente en los celos, lo cual, según los psicólogos, denota un fuerte complejo de inferioridad por parte del galán, que no está muy seguro de su propio valer, y por lo tanto, ve moros con tranchetes en cada esquina, y teme, subconscientemente, que cualquier chango con mejores bigotes que los suyos le pueda birlar a la muchacha.

 

El galán mexicano empieza por cortejar a la chica, después le declara su amor y acto seguido le organiza una escena de celos. De ahí en adelante, las relaciones de la pareja girarán alrededor de las sospechas que alimenta el novio y, en menor grado, de las que cultiva la novia. Cabe señalar que los celos de él casi siempre son infundados, pues salvo muy ruidosas excepciones, la mujer mexicana suele ser fiel a su hombre. En cambio, las desconfianzas de ella por regla general están perfectamente justificadas, y aun se quedan cortas, ya que los mexicanos somos muy machos y no concebimos el amor sino a través de la poligamia.

 

Sin embargo, usualmente es el hombre quien se da por agraviado. Observen ustedes que inclusive en nuestras canciones folklóricas es él quien se queja de traiciones, olvidos y abandonos, siendo que tanto en el noviazgo como en el posterior matrimonio o arrejuntamiento, es precisamente el hombre el que reparte sus afectos entre varias damas, y las escoge, cambia y desecha con sublime indiferencia. Pocas veces se sabe de señoras que mantengan una casa grande y otra chica, o que llenen de hijos al hombre para después dejarlo con las criaturas a que corran su suerte. En cambio, en el caso contrario...; pero vale más no meneallo, y volver a nuestro estudio del noviazgo.

 

El novio mexicano tiene celos de los vecinos, de los parientes varones y de los amigos de la familia de su amada; de los transeúntes y de los automovilistas que inocentemente pasan por la calle, y de los que se quedan mirando a la muchacha en el camión, en el parque o en el cine, aunque sólo se trate de un vistazo pasajero y sin malicia. Le inventa idilios anteriores y se martiriza a sí mismo (y a ella), imaginando que sus besos y caricias le recuerdan a la chica los embates de otros Romeos. Y sobre todo, le hace un sinfín de preguntas:

 

¿Dónde estuviste? ¿Qué hiciste? ¿Con quién hablaste? ¿Quién te llamó por teléfono, que estuvo ocupado más de media hora? ¿Por qué miras hacia ese lado? ¿Por qué no quieres mirar hacia ese lado? ¿Quién es ese tipo de bigotito recortado que te saludó? ¿Por qué le hablas de tú a tu primo? ¿Por qué te encantan las películas de Marlon Brando? ¿Por qué te pusiste la falda roja? ¿A qué horas te acostaste? ¿Por qué estaba encendida la luz de tu ventana anoche a la una de la mañana? ¿Por qué cierras los ojos cuando te beso? ¿Por qué cuando te beso estás con los ojos abiertos mirando a todos lados? ¿A qué fuiste al correo? ¿Por qué te hiciste ese peinado? ¿Qué te dijeron en la parada del camión? ¿Por qué suspiras? ¿Quién te regaló esos aretes? ¿Por qué me dices "Pepe", si sabes que me llamo Dagoberto?

 

Total, que el noviazgo a la mexicana está integrado por un cinco por ciento de amor, y un noventa y cinco por ciento de preguntas motivadas por los celos. Tanto así, que yo he ideado un cuestionario impreso, con páginas para todos los días del año, cuyas preguntas podrán contestarse muy fácilmente con una simple X, o un monosílabo. De esta manera, el novio le da el cuestionario a la novia al comienzo del idilio, y todos los días va recogiendo la hojita con las respuestas ya señaladas. Así, el tiempo que actualmente pierden los enamorados nacionales en hacerse y capotear preguntas podrán utilizarlo para entregarse a otras actividades mucho más prácticas y sustanciosas.

 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Claroscuro”.

 

 


 

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