Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

El niño y la televisión *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

A pesar de haber nacido en plena era atómica (Federico en 1946 y Aurorita en el 48) y de haberse criado en un mundo de transistores, ovnis, satélites artificiales, píldoras anticonceptivas, anuncios cantados y artículos de plástico, el joven matrimonio se extrañó muchísimo cuando su primer hijo empezó a hablar en términos de televisión.

En efecto, los primeros balbuceos del nene no fueron el clásico “ma, ma, ma, ma” que han pronunciado todos los nenes desde la época de las cavernas, sino que empezó a babear y a decir “te-ve, te-ve”, mientras sus manitas gordezuelas hacían torpes pero significativos movimientos como para cambiar de canal el aparato.

_ ¿Tendrá cólico? _ preguntó Aurorita con cierta alarma

_ No lo creo _ repuso Federico_. Cuando tienen cólico, patalean y dan de berridos. En cambio fíjate cómo el nene sonríe y hace gorgoritos

_ Los productos Papilleta, Papilleta, hacen felices, pero muy felices… ¡al bebe! _ cantó

Aurorita, cuyo léxico también estaba fuertemente influido por la publicidad electrónica. 

La criaturita lanzó un grito de alegría, mientras los padres, cogidos de la mano, lo contemplaron con embeleso y entonaron a dúo  el tema musical de “Biberones Chupex”.

Desde que termino la enseñanza superior, Aurorita se había pasado un promedio de seis horas diarias frente al aparato de televisión. Después se casó con Federico, y gran parte de la noche de bodas y de las subsecuentes transcurrieron bajo la parpadeante mirada de la pantalla mágica. Cuando se anunció el nene, Aurorita _ en plan de reposo_  aumentó su dosis de televisión a catorce horas, desde el programa matinal de gimnasia con piano hasta el noticiero de media noche. Y al llegar el vástago, Federico tuvo la delicadeza de llevarle a su mujercita un aparato portátil de TV al sanatorio. Consecuentemente, puede decirse que la criatura fue concebida, armada y dada a luz bajo la influencia directa de los electrones y la cinta de video-tape.

Al cumplir el añito, el nene ya sabía decir “bonanza” y “perdidos en el espacio”. Pedía su papilla tarareando el tema musical correspondiente, y empezó a llamar a su padre “nuestro patrocinador”.  A Aurorita le decía según el nombre de la protagonista de la telenovela en turno. Y cuando en cierta ocasión su madre le cambió la marca de talco que anunciaban en su programa favorito, el chico dio un berrinche espantoso y estuvo a punto de sacarse un ojo con la antena del aparato. Solo se calmó cuando le pusieron “Los Pica Piedra”.

El niño aprendió a encender y sintonizar la tele mucho antes que a gatear. Sin conocer los números, sabía perfectamente donde quedaba cada canal, y sin posibilidad alguna de que pudiera leer el periódico estaba enterado con toda precisión de la hora en que pasaba tal o cual programa, de quienes actuaban en él, y que empresa lo financiaba. Antes de aprender a rezar el Padrenuestro, el niño podía recitar de corrido veintiocho anuncios comerciales.

Aurorita y Federico estaban tan entusiasmados con la precocidad del nene, que decidieron llevarlo a una importante cadena televisora para ver si lo contrataban como niño prodigio en el ramo. Sin embargo, al llegar a las oficinas se encontraron con varias docenas de padres y madres que esperaban pacientemente la oportunidad de poder presentar a sus vástagos, el más torpe de los cuales podía instalar antenas, reseñar el partido de futbol del domingo anterior e imitar al “Zorro”.

_ Tomen ustedes en cuenta les explicó un empleado que en la actualidad todos los niños del mundo dominan la técnica e la televisión antes de que les salgan los primeros dientitos…

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de El libro de las comedias”.

 

 


 

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