Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

Las mujeres como automovilistas *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

El otro día tuve oportunidad de conversar con un agente de seguros, quien me hizo la extraordinaria revelación de que las mujeres son mucho más eficaces, hábiles y prudentes como automovilistas que los hombres. .

 

- Siempre había yo pensado y escuchado lo contrario -comenté.

 

- Ya lo sé. Desde que el ser humano se convirtió de bípedo en cuadruneumático, se ha hablado y se han hecho chistes acerca de la supuesta incapacidad de la mujer para conducir. Ocurre lo mismo que con la relación familiar suegra-yerno. Siempre se saca a relucir la hostilidad y antipatía entre ambos, siendo que la mayor parte de los yernos se llevan bien con las suegras. Donde efectivamente existe la aversión y rencor africano es entre las suegras y las nueras, y sin embargo, nunca o muy raras veces se hacen comentarios al respecto. Cíteme las ocasiones en que usted haya tenido un broncazo con su suegra.

 

- Hombre... pues en realidad, nunca -admití.

 

- En cambio, cuente las veces que su señora esposa y su señora madre han estado a punto de sacárselos ojos o cuando menos de arañarse.

 

- Prefiero seguir hablando de automovilismo -sugerí-. ¿Me decía usted que las mujeres están consideradas por .las compañías de seguros como mejores conductoras que los hombres?

 

- Sí, señor. Lo demuestran las estadísticas. De cada diez accidentes automovilísticos, siete han sido causados por hombres.

 

- Sería por esquivar a siete señoras que iban al volante.

 

- Le aseguro a usted que no. Por principio de cuentas, el hombre maneja siempre a mayor velocidad que la mujer. La mujer conduce más despacio no tanto por precaución, sino porque se va fijando en los escaparates de las tiendas.

 

- Hubiera pensado que esta distracción podría: ser causa de múltiples encontronazos.

 

- Tampoco. Esa es otra de tantas premisas falsas. La mujer, por naturaleza, puede atender a cinco cosas distintas a la vez, en tanto que el hombre sólo puede concentrarse en una. Observe usted cómo las señoras son capaces, al mismo tiempo, de leer, ver la tele, tejer, vigilar a los niños y atisbar lo que están haciendo las vecinas. Y no se les escapa detalle.

 

- Es verdad. La mía inclusive puede ver dos telenovelas simultáneamente.

 

- ¿En el mismo aparato?

 

- No, hombre. En el nuestro y en el de una amiga, que se divisa desde la ventana. La amiga también disfruta de ambos programas desde su propio punto de observación. Es una especie de 103 sociedad mutualista. De esta manera, no hay serie que se pierdan.

 

- Ahí tiene usted -sonrió mi amigo el agente de seguros con la sonrisa número tres del catálogo de sonrisas de agentes de seguros-. En consecuencia, y volviendo al punto, la mujer rara vez tiene accidentes automovilísticos por exceso de velocidad. También contribuye a ello su innato sentido de la impuntualidad. Las mujeres sólo tienen prisa por casarse, y para eso no necesitan manejar automóviles. Excepción hecha del altar, siempre llegan tarde a todas partes.

 

Mi amigo consultó un cuadro estadístico.

 

- En el 99 por ciento de los accidentes causados por los efectos del alcohol -continuó-, los culpables han sido hombres. Rara vez ve usted a una señora llegar a casa a las cuatro de la mañana, sin corbata, cantando con voz aguardentosa, con las salpicad eras abolladas y un poste o un semáforo (o un infeliz peatón) enrollado en la defensa del coche.

 

- Eso es indiscutible.

 

- Además, por naturaleza, las mujeres son más respetuosas de las leyes y reglamentos de tránsito. No padecen daltonismo, o sea el defecto visual que impide distinguir el rojo del verde. Cuando se pasan una luz roja es sencillamente porque no recuerdan si ésta significa alto o adelante.

 

- Bueno, en estos casos la amnesia puede ser tan catastrófica como el daltonismo -observé con mi lógica de ex alumno de jesuitas.

 

Mi amigo el agente de seguros ignoro el comentario con el olimpismo con que los agentes     de seguros suelen ignorar algunos comentarios. Guardó su cuadro estadístico y prosiguió:

 

- Otra característica femenina es la de que, en caso de peligro, tienden a cerrar los ojos y a soltar el volante.

 

- ¡Caray! -exclamé-. ¿Y esto no puede tener graves consecuencias?

 

- No, porque el hombre que viene conduciendo por detrás, o de frente, y que sí trae los ojos abiertos, esquiva al vehículo de la señora con un rápido golpe de volante.

 

- Pero, ¿y si son dos señoras las que conducen ambos automóviles?

 

- Entonces no cierran los ojos, para poder ver cómo va vestida la otra. Estas son las contadas ocasiones en que las damas automovilistas tienen accidentes.

 

- i Ay, cómo me chocan esos zapatos beige clarito con la hebilla al lado! -dice una dama con rencor africano.

 

- ¿Por qué no los tiras a la basura o se los regalas a la muchacha? -pregunta ingenuamente su marido.

 

- ¿Estás loco? ¡Con el trabajo que me costó encontrarlos y la fortuna que pagué por ellos!

 

Porque, curiosamente, son los zapatos que más tardan en adquirir probándose todos los modelos de todas las zapaterías de la ciudad- los que después se quitan con más frecuencia o relegan al olvido en un rincón del closet. Lo lógico sería que los quemaran o los tirasen por la ventana, si tanto las hacen sufrir. Pero a ver quién de ustedes obra con lógica, guapas mías.

 

Al respecto, recuerdo una ocasión en que me atreví a sugerir a doña Bracamontes Averno, mi suegra -campeona internacional en el arte de quitarse los zapatos y muchas otras cosas con la moral reñida- acerca de la conveniencia de andar descalza. Esa misma tarde fue y se compr6 un par de botas hasta las rodillas. Y las cargó a mi cuenta, claro.

 

 

 

Música de fondo: “La sirenita”, tema de Rigo Tovar; Matamoros, México.

 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Eva en camisón”.

 

 


 

Volver a la Página de
Marco A. Almazán

 


 

Volver a la Página de
INICIO

 

© 2012 / Derechos Reservados.