Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

El lingote de oro *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

El hombre del paquete bajo el brazo miró cautelosamente a su alrededor antes de llamar a la puerta.  Luego tocó el timbre y apretó el nudo del cordón que amarraba su envoltorio. Momentos después apareció en la puerta una señora gordita, con rizadores en el cabello y enfundada en una bata blanca de felpa.

_Perdone _dijo el hombre del paquete_, ¿vive aquí don Eutimio Cachirulo?

__repuso la señora_, pero mi marido no se encuentra en casa en estos momentos.

El hombre, algo nervioso, asomó ligeramente la cabeza al interior de la casa para ver si había alguna otra persona.

_Ya lo sé, señora. Precisamente es su esposo quien me envía. Fui a verlo a su despacho y me dijo: “Aquí no tengo dinero para comprarte el paquete, pero ve a mi casa y mi mujer te dará los mil pesos”. Aquí tiene usted esta tarjeta, señora.

El hombre del paquete sacó una  tarjeta mugrienta y arrugada y se la entregó a la dama

La señora leyó la tarjeta y se la devolvió al hombre del paquete.

_Esta tarjeta no es de mi marido. Él se llama Eutimio Cachirulo, y aquí dice “Wildebrando Corcholea, Importaciones y Exportaciones”. Mi esposo es fabricante de caramelos.

_Es que en esos momentos su esposo no tenía tarjetas y le pidió una prestada a un amigo.

_Yo no conozco a ningún amigo de mi marido que se llame así.

_Es que se lo acababan de presentar…

El hombre del paquete estaba cada vez más nervioso. Se buscó en los bolsillos, saco un cigarro pachucho y torcido, y lo encendió con un fosforo suelto.

_Su esposo me dijo que le entregar esta tarjeta como prueba de que vengo de parte suya. Ahora, si usted desconfía de mí, lo mejor será que me vaya, pues no puedo andar cargando este paquete durante mucho tiempo.

_ ¿Qué contiene el paquete? _preguntó la señora con una curiosidad muy femenina.

_Un lingote de oro _contestó el hombre.

_ ¿Un lingote de oro? ¿Y lo vende por mil pesos? _preguntó  la señora con un gesto de extrañeza_. ¿Usted cree que soy tonta?

El hombre del paquete pareció tranquilizarse súbitamente. Sonrió y cambio el peso de su cuerpo alternativamente de un pie a otro.

_ Pues… sí, señora. Le ruego que me disculpe, pero, efectivamente, su marido me dijo que era tonta.

La señora lanzó un resoplido.

_ Si mi marido le dijo que soy tonta, quiere decir que es verdad que ha estado usted hablando con él. Todo el santo día está diciendo que soy tonta. Espere un momento, por favor. Vuelvo en seguida.

La señora se alejó por el pasillo. El hombre agitó el paquete para cerciorarse de que el choque de las piedras que contenía no producía demasiado ruido.

La señora regresó a la puerta y le entregó dos billetes de quinientos pesos, a cambio del paquete envuelto en papel periódico.

_ Su esposo me recomendó que no lo llamara usted ahora por teléfono, pues está muy ocupado. Como dentro de una hora más o menos estará libre.

_ No pienso llamarle _dijo la señora_. Váyase tranquilo. A la hora de comer ya le contaré que…

El hombre ya iba por la esquina, pero la señora siguió hablando:

_ Ya le contaré que di mil pesos por un lingote de oro, sabiendo positivamente que se trata del timo del paquete, y que dentro sólo contiene piedras. O sea que me he dado perfecta cuenta del truco. Que no me han tomado el pelo. A ver si vuelve a decir el muy canalla que soy tonta.

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de El libro de las comedias”.

 

 


 

Volver a la Página de
Marco A. Almazán

 


 

Volver a la Página de
INICIO

 

© 2011 / Derechos Reservados.