Ven a mi mundo

 

   De aquí y allá    

 

 

Libertad y libertinaje *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Desgraciadamente todavía hay muchas personas que confunde la libertad con el libertinaje. Con mucha frecuencia escuchamos a graves señores que, al enterarse de alguna bellaquería cometida por un desaprensivo o un grupo de bárbaros, los señalan con índice de fuego y dicen: “Éstos salvajes confunde la libertad con el libertinaje”. Para subsanar, aunque sólo sea en parte tan lamentable error, con la venia de ustedes explicaremos a continuación, somera pero enjundiosamente, las diferencias que existen entre uno y otro concepto.

 

Libertad, como se sabe, es el estado opuesto a la servidumbre o al cautiverio. Libertinaje es el desenfreno en la conducta, ya sea de hecho o palabra.

 

Ahora bien, si yo tengo un pájaro encerrado en una jaula, es obvio que tengo un pájaro, pero que este pájaro no está en libertad. Si abro la puerta de la jaula, el pájaro sale, y entonces podemos decir con toda propiedad: “ahora el pájaro está en libertad”. Veamos cómo la emplea:

 

El ave desenclaustrada posiblemente vuela hasta la rama de un árbol; allí extiende sus alas, sacude la cola, aspira la brisa con fruición, lanza unos trinos; en fin, se siente feliz. Pero supongamos que un señor lo observa y comenta: “He ahí un pájaro entregado al libertinaje”. Entonces, no cabe duda de que ese señor está confundiendo la libertad con el libertinaje, aunque su propia conducta en ese momento sea irreprochable.

 

A la entrada del puerto de Nueva Cork, en la isla de Bedloe, se encuentra la estatua de la Libertad. Los pasajeros de los trasatlánticos, al aproximarse a tierra y verla por primera vez (o por segunda, o por centésima) no dicen: “¡Mira, allí está la estatua del Libertinaje!” ¿Por qué? Pues porque los pasajeros de los trasatlánticos no acostumbran confundir la liberta con el libertinaje. Si así lo hicieran, los pondrían con grillos en los pies en la sentina o los arrojarían al agua. En el mar no se toleran desórdenes.

 

En nuestra juventud sonaba mucho el nombre de la actriz doña Libertad Lamarque. Hasta ahora, no sabemos de ningún actor o actriz que se llame Libertinaje. Consecuentemente, si yo dijera que la película El alma del bandoneón fue interpretada por Libertinaje Lamarque, sería evidente que estaba yo confundiendo a Libertad con Libertinaje.

 

En cambio, cuando un preso sale de la cárcel y lo primero que hace es cometer un nuevo delito, entonces podemos decir que confunde el libertinaje con la libertad. Lo mismo ocurre con aquellos mercaderes que se valen de la libertad de comercio para incurrir en el libertinaje de aumentar los precios. Aunque los mercaderes no es precisamente que confundan sino que tiene influencias en círculos oficiales.

 

Digamos, por último, que en ningún país del mundo se ha permitido hasta ahora el libertinaje de imprenta, ni el libertinaje de conciencia, ni el libertinaje condicional, ni el libertinaje provisional, ni el libertinaje bajo fianza. Ningún pueblo se ha levantado en armas al grito de “¡Independencia y Libertinaje!” Que después lo hayan practicado, es otra cosa.

 

Con lo cual, si después de aclarado todo esto sigue habiendo personas que confunda la libertad con el libertinaje, les diremos que caen en un error tan craso como aquellos que a estas alturas aún confunde la gimnasia con la magnesia y el amor con las ganas de casarse.

 


 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Los gormondios de Marfesia”.

 

 


 

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