Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

Los leones y el alcalde *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Esto ocurrió en una pequeña población de Italia. Lo advertimos desde un principio, a efecto de que después no se sientan defraudados aquellas personas que hayan concentrado su atención en el título del presente capítulo y luego se lancen a su lectura relamiéndose los labios con anticipación morbosa, pensando que se trata de algún personaje local a merced de las fieras.

 

Sucedió pues, que en aquella pequeña población de Italia el dueño de un circo ambulante discutió ásperamente con el domador de leones. Las cosas se agriaron, y como el contrato se hallaba en trance de renovación, sencillamente no fue renovado. O sea que el propietario del circo puso al domador con sus cinco leones de patitas o de zarpas en la calle.

 

Duro es que lo pongan a uno en la calle, máxime si se encuentra en una población extraña donde no puede recurrir a parientes o amigos en solicitud de breve y temporánea hospitalidad. Y de paso y para colmo no se anda muy sobrado de medios económicos. Pero más duro aún cuando se va a solicitar hospedaje para sí y para cinco leones. No todo el mundo está dispuesto a rentar o a facilitar una habitación a un señor bigotudo con cinco leones. Es cierto que hay gente que al referirse a su consorte o a determinados miembros de la familia política los llaman “la leona” o “los leones”, pero una cosa es la metáfora y otra la rugiente realidad.

 

Nuestro domador tenía cinco leones de verdad, con sus melenas, sus zarpas y rodo lo demás que suelen tener los leones. Y así es un poco difícil conseguir hospedaje, en Italia, en VIadivostok y hasta en San Martín Texmelucan.

 

 

 

 

El domador, sin embargo, tuvo la brillante idea de ir a contar sus cuitas al alcalde. Fue idea brillante y feliz porque el alcalde resultó ser persona de grandes iniciativas, como suelen ser casi todos los alcaldes. Grandes iniciativas promovidas por su olfato económico y sobre todo por el profundo conocimiento de la mentalidad de su pueblo.

 

-Vamos a ver -le dijo al domador-. Usted necesita albergue para usted y sus leones y dinero para marcharse con su música y sus rugidos a otra parte. Pues bien, yo lo autorizo a que instale su jaula en la plaza principal del pueblo con todos sus leones. En cuanto al dinero, con toda seguridad acudirá muchísima gente, (yo diría que el pueblo en masa) para presenciar el espectáculo, no por éste en sí, sino con la esperanza de ver que me coman los leones. Porque naturalmente cobraremos por ver la función. Los fondos que se recauden los dividiremos cristianamente en dos partes: la mitad para usted y otra para mí, es decir, para el H. Ayuntamiento de mi digno cargo. Yo ya veré a qué meritorio fin se destinan.

 

 

 

 

Y dicho y hecho: la noticia corrió como reguero de pólvora por todo el pueblo, y a media tarde toda la población se había congregado en la plaza principal, ávida de ver no tanto a los leones, ni de presenciar la partida, sino al alcalde entre las fieras. A las cuatro en punto se presentaron en la plaza principal la primera autoridad, el domador y sus leones. Todo el populacho ansioso de ver no tanto a éstos, sino a su alcalde entre ellos. El alcalde, después de recibir una ovación cerrada -que agradeció cumplidamente, se sentó ante una mesa que previamente se había instalado dentro de una jaula, con dos sillas, un altero de fichas y un mazo de naipes. Y un látigo, por si las dudas. Claro que este último para mantener a raya a los leones en caso necesario, y no como instrumento auxiliar para la partida, que a último momento el alcalde dicidió que fuese de póquer (y no de ajedrez o de dominó, como se había pensado originalmente), ya que en el póquer el alcalde podría poner en práctica ciertos trucos y artimañas que le habían enseñado ciertos parientes y paisanos suyos, miembros de la “maffia”, recién deportados por las autoridades norteamericanas a su nativa Sicilia.

 

Música de fondo: “The lion sleeps tonight”, tema de Los Tokens.

una versión del éxito de la canción popular africana

Mbube (que en zulú significa "León"). 

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Ni todo lo bueno ni todo lo malo, sino todo lo contrario”.

 

 


 

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