Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

Carta de la gorda al nutriólogo *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Soy la señora de Barrigoicochea, pero si el apellido de mi marido no le suena, bastará que le diga algo que le hará ubicarme al instante: soy La Gorda.


Ya ve usted que acepto mi gordura con toda resignación. “La Gorda” no es un mote que utilice la gente a mis espaldas y en voz baja al referirse a mí. ¡Qué va! Cuando llamo por teléfono a mi marido y la secretaria pregunta quién habla, antes de responder si está o no, o si se encuentra en reunión del consejo y no puede ponerse al aparato, yo le aclaro rápidamente:


—Habla La Gorda.


— ¡Ah, sí señora! —contesta muy sonriente—. Ahorita mismo la comunico con el licenciado.
 

Y en casa, mi marido y mis siete adorables hijos creo que ya ni saben cómo me llamo, pues todo se les va en “hola, Gorda”, “adiós, Gorda”, “Gorda, tengo hambre”, “Gorda, se me cayó un botón”, “no hay toallas en el baño, Gorda”. . . Y así por el estilo. Por lo tanto le ruego que no sufra, cuando me vea, tratando de recordar un apellido tan complicado corno Barrigoicochea. “Esta es La Gorda”, se dirá usted para sus adentros, y yo tan ecuánime y tan contenta. Le n pito, doctor, que soy una gorda de lo más resignada.
 

Porque yo soy esa señora gorda que hace tambalearse a los taxis, haciéndolos inclinarse peligrosamente a babor o a estribor, según la banda por la que me suba y el lado donde me siente. Hay cines a los que no voy, porque no tienen brazos desmontables las butacas para que yo pueda ocupar dos de ellas. Soy una de esas damas gordas que en los cocteles cogen tres o cuatro canapés cada vez que pasan la bandeja; y si la dejo pasar sin tomar un canapé (lo cual raramente ocurre), es porque veo que detrás viene un camarero con un platón de tacos de cochinita pibil o con camarones gigantes en salsa tártara, de los cuales también tomo tres o cuatro. Y si alguien me advierte: “Cuidado, que eso engorda”, le contesto que vaya y se lo diga a los flacos, puesto que yo llevo años de haber engordado.
 

Creo, doctor, que con lo dicho tiene usted datos más que suficientes para trazar mi perfil sicológico. Por lo que respecta al físico, lo dará por descontado: basta imaginar una esfera con ojos —eso sí, bastante bonitos, lo que sea de cada quién— y una pechuga que haría palidecer de envidia a Zulma Fajad y a Sofía Loren juntas. Tengo complejo de gorda y estoy gorda. Gordísima, doctor.
 

Pero no es por el complejo que le escribo. Usted es experto en dietética y no en complejos. Para eso) están Edipo y los siquiatras. Acudo a usted porque he leído su libro sobre obesidad, la torturante obesidad, sus causas y remedios. Confieso que entendí muy poca cosa, pero no cabe duda de que usted domina el asunto. Y por eso me dirijo ahora a usted, doctor, con la confianza que Inspiran los sabios con carisma, los curanderos, los yerberos, los santos como San Martín de Porres, los “swamis” y los productos de la acreditada casa Bayer. Usted habla en su libro de metabolismo y endocrinología, y dice que el cuerpo humano es como un laboratorio químico en el que se introducen compuestos que reaccionan entre sí y con los compuestos producidos por el mismo cuerpo. Los compuestos de fuera se denominan pan con mantequilla, papas fritas, spaghetti, mondongo a la veracruzana, batidos de chocolate, pasteles de crema, paellas, frijoles refritos, etcétera. Son tantos los compuestos de fuera que nos tientan a las gordas (aparte de ellos no nos tienta nadie), que las tentaciones de San Antonio resultan juego de párvulos. Por lo que respecta a los compuestos de adentro, cita usted a los jugos gástricos, las hormonas y otras zarandajas que yo no discuto. Y añade, para ilustración de sus lectores, que la adecuada dosificación de los reactivos externos e internos constituye el régimen alimenticio ideal.
 

Bueno, doctor, pues eso es lo que yo, La Gorda, necesito: un régimen alimenticio. Si no ideal, por lo menos adecuado. Y le suplico su ayuda porque veo mi complejo de gorda muy comprometido. Por lo que más quiera, déme una manita. O las dos, si es posible. El próximo 15 de junio se celebra en Viena el Primer Simposio Internacional de Mujeres Gordas. Hasta el momento de escribirle la presente, se han inscrito ciento cuarenta y tres, entre ellas una rusa y una alemana que figuran con pesos superiores al mío, ya que hacen tambalear la báscula con doscientos setenta y cinco y trescientos diez kilogramos, respectivamente. Y yo apenas llego a doscientos sesenta, con todo y faja.
 

Le ruego, pues, doctor, que me proporcione un régimen alimenticio intensivo, suficientemente adecuado para poder engordar otros sesenta o setenta kilitos en tres meses, a efecto de apabullar a la teutona y a la eslava. Con mi agradecimiento anticipado, le saluda efusivamente,
 

 

BENIGNA VALDOVINOS DE BARRIGOICOCHEA
(La Gorda)

 

Música de fondo: “Matilda”, tema de Los Jokers, grupo de rock mexicano.

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

     Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

     Tomado del libro “Pitos y Flautas”.

 

 


 

Volver a la Página de
Marco A. Almazán

 


 

Volver a la Página de
INICIO

 

© 2011 / Derechos Reservados.