Ven a mi mundo

 

   De aquí y allá    

 

 

El gato de Sèvres *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

El coleccionista de cerámica sintió que el corazón le daba un vuelco. Al pasar frente a la pequeña tienda de antigüedades _en realidad de baratijas, según la había catalogado al primer vistazo _observó que un gato escuálido y roñoso bebía leche pausadamente en un auténtico plato de Sèvres, colocado en la entrada del establecimiento

El coleccionista llegó hasta la esquina y después volvió sobre sus pasos, aparentando fastidio e indiferencia. Como quien no quiere la cosa, se detuvo frente al escaparate de la tienda y paseó la mirada desdeñosamente por el amontonamiento de cachivaches que se exhibían: violines viejos, mesas y sillas cojas, figurillas de porcelana, óleos desteñidos, pedazos de cacharros supuestamente mayas o incaicos, y, en fin las mil y una menudencias que suelen acumularse en tiendas de esta especie. Con el rabillo del ojo, el coleccionista atisbó una vez más el plato en que bebía leche el gato. No cabía duda: Sèvres legítimo. Posiblemente del segundo tercio del siglo XVIII. Estos animales _pensó el experto, refiriéndose a los dueños, no al minino_, no saben lo que tienen entre manos…

Venciendo la natural repugnancia  que le inspiraban los felinos, se agacho para acariciar al gato. De paso, examino más de cerca la pieza de cerámica. El coleccionista se dio mentalmente una palmada en el hombro: no se había equivocado. Sin lugar a dudas, Sèvres, 1750.

_ Michito,  michito _ronroneó el coleccionista, al ver que se acercaba el propietario de la tienda.

_ Buenas tardes. ¿Puedo servirle en algo? _En nada, muchas gracias. Solo acariciaba al animalito.

_ ¡Ah, mi fiel Mustafá…! Está un poco sucio, pero es de casta: cruce de persa y angora, con sus ribetes de Manx.  Observe usted que cola tan corta tiene. Eso lo distingue.

El gato, efectivamente, tenía sólo medio rabo; pero no por linaje, sino porque había perdido la otra mitad en un pleito callejero.

_ Se ve, se ve _dijo el coleccionista, pasándole una mano enguantada por encima del lomo--. ¡Michito, michito mirrimiau…! Me encantaría tenerlo en casa para  que hiciera pareja con una gatita amarillo limón que me obsequiaron. ¿No me lo vendería?

_ No, señor. Mustafá es un gran cazador de ratones y sus servicios me son indispensables en la tienda.

_ ¡Lástima! –dijo el coleccionista, incorporándose_. Me hubiera gustado adquirirlo. En fin, que tenga usted buenas tardes.

El coleccionista hizo ademán de retirarse._ ¡Un momento! _lo llamó el propietario. ¿Cuánto daría por el gato?

_ ¿Cuánto quiere? _le devolvió la pelota el coleccionista, maestro en el arte del trapicheo.

_ Cincuenta pesos.

_ No, hombre, que barbaridad. Le doy treinta y ni un centavo más.

_ Ni usted ni yo: cuarenta morlacos y es suya esta preciosidad de morrongo.

El coleccionista lanzo un suspiro más falso que un manifiesto político, saco la cartera, contó los billetes y se los entregó al dueño de la tienda. Este a su vez los conto y se los guardo en el bolsillo. El coleccionista, siempre aparentando una sublime indiferencia, señalo el plato con la punta del bastón.

_ Imagino que el animalito estará acostumbrado a tomar su leche en ese plato viejo, ¿no? Haga el favor de envolvérmelo.

_ Como el señor disponga _repuso el anticuario_. Solo que le advierto que el plato cuesta diez mil pesos…

_ ¡Diez mil pesos! _aulló el coleccionista.

_Sí, señor. No solo es un auténtico Sèvres, 1750, sino que además me ha servido para vender trecientos veinticinco gatos desde que abrí mi modesto establecimiento…

 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de El libro de las comedias”.

 

 


 

Volver a la Página de
Marco A. Almazán

 


 

Volver a la Página de
INICIO

 

© 2011 / Derechos Reservados.