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El femenino arte de criticar *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

El arte de criticar a la prójima no es una cosa muy sencilla que digamos, sino que requiere largos años de práctica, una imaginación exuberante y más que nada una dosis de estricnina como para poner una fábrica y abrir mercado en el Japón. Estas tres cosas se adquieren con los años, como todo en la vida: desde la experiencia hasta las várices y los departamentos en condominio.

 

Por lo tanto, para alcanzar lo que podríamos llamar un doctorado en disminuir reputaciones, lo mejor es envejecer. Pero como muy pocas mujeres están dispuestas a hacerlo (y hacen bien), a continuación proporcionamos a nuestras gentiles lectoras unas cuantas y sencillas reglas para poder criticar eficazmente a sus amigas, de acuerdo con la edad de la criticante. Lo demás lo dejamos a su instinto de murmurar, con el que ya nacieron y necesita muy poco impulso para desarrollarse abundantemente.

 

 

Instrucciones para niñas

 

Desde su más tierna infancia, las niñas sienten ya el impulsivo deseo de criticar a sus más íntimas amiguitas, si bien no saben aún por dónde enfocar el ataque. Para ello, conviene que todas las mañanas ejerciten las siguientes frases, que en una forma u otra podrán aplicar a la vecinita o a la compañera de banca en el colegio.

 

(Emplearemos él nombre genérico de Martita, el cual, como es natural, se cambiará por el nombre de la criatura criticada).

  • Martita es muy fea.

  • Martita ya tiene novio.

  • Martita le saca la lengua a la maestra, cuando está de espaldas.

  • Martita se come las uñas.

  • La mamá de Martita es una señora muy gorda y muy antipática.

  • Martita todavía se hace pipí en la cama.

  • El papá de Martita no tiene dinero.

 

Instrucciones para jovencitas

 

Las jovencitas son harina de otro costal. Pasan por lo que las mamás de antaño llamaban “edad de la punzada”, o sea que aún no salen por completo del cascarón, pero ya rebosan bellaquería y mala uva.

 

He aquí cómo debe criticar adecuadamente una jovencita de buena familia:

  • Martita es muy fea.

  • Martita le preguntó a su mamá si a los niños los trae la cigüeña, o que si vienen de lo otro, simplemente por haberse olvidado de tomar la píldora.

  • Dice Martita que ya se le declaró Enrique, pero qué más quisiera la pobre.

  • Martita pasó de año porque su papá es algo del secretario de Educación Pública.

  • Martita ya usa sostén, aunque todavía no lo necesita.

  • A Martita la visten con la ropa de sus hermanas mayores.

 

Instrucciones para señoritas

 

Al llegar a la adolescencia, la mujer se encuentra ya plenamente capacitada para criticar y hacer talco a las demás en toda forma. Sus amigas y compañeras de academia, universidad o trabajo, presentan blancos perfectos, especialmente si son íntimas. La señorita de buena crianza puede lanzar sus dardos de la siguiente manera:

  • La pobre de Martita es muy buena, pero muy fea.

  • Con éste ya van quince novios que dejan plantada a Martita.

  • Pobre de Martita, ya no sabe qué hacer para llamar la atención de (el maestro, el compañero, el jefe), pero ni por ésas.

  • A veces pienso que Martita se compra su ropa en La Lagunilla.

  • Yo no sé por qué, pero noto a Martita medio rara: desde hace tres o cuatro meses se le ha manchado la cara, ya no le cierran las faldas y le ha dado por comer a todas horas sándwiches de esturión con jalea de membrillo y salsa tártara. Por cierto que el muchacho con el que andaba, desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra.

 

Instrucciones para señoras

 

Cuando las mujeres llegan al matrimonio, la cosa cambia. Su radio de acción se amplía notablemente, ya que ahora tienen para criticar, además del marido, a todos los amigos y sobre todo a los parientes de éste. Especialmente a las parientas. Y en lugar primerísimo, a la suegra y las cuñadas. iAh, campo fértil para la mujeril crítica! Sin embargo, para efectos del presente instructivo, nos limitaremos a recomendar las siguientes frases, de lo más efectivas y del mejor gusto que hemos hallado en el vasto repertorio femenino, pero dirigidas únicamente a las amigas íntimas:

  • Marta se está poniendo cada vez más fea.

  • La pobre de Marta está hecha un tonel. Cuando se pesa, sale de la báscula una tarjeta, recomendando que se baje la otra.

  • No lo quiere admitir, pero yo sé que Marta está esperando otro niño.

  • Asegura Marta que el dinero que tiene es de una herencia, pero ve tú a saber. Con lo que gana el infeliz de su marido…

  • Dicen que la costurera de Marta antes hacía uniformes para soldados. Por lo visto no ha perdido la costumbre.

  • Marta, o es tonta o es ciega. Sólo falta que el canalla de su marido lleve a la amiguita a casa, para que vean juntas la telenovela.

  • Marta es una coda.

  • Marta es muy despilfarrada.

 

Instrucciones para ancianas

 

Ya admitimos que esta clase de señoras prácticamente no existe, pero por si acaso hubiera una por ahí, aquí están las frases que debe decir cuando una de ellas se encuentra con una amiga y desea hablar mal de una tercera. (Lo cual es pleonasmo y redundancia, pues si se van a encontrar dos señoras, ancianas o jovenazas, y van a referirse a una amiga, lo más natural es que hablen mal de ella).

  • La pobre de Marta siempre fue fea, desde chiquita, pero ahora, con la edad y lo acabada que está… bueno, parece pintura de Picasso.

  • Dice Marta que está sorda, pero sin embargo está enteradísima de todo lo que ocurre en el mundo, mucho más que el propio don Jacobo Zabludovsky.

  • Yo no sé, ni me consta, ni me importa, ni me atañe, pues tú sabes que siempre he sido enemiga de meterme en vidas ajenas, pero dicen que Marta se confiesa ahora con uno de esos curas progresistas.

  • A Marta la viudez le vino como anillo al dedo.

  • Igual que hace cuarenta años le vino el matrimonio, tú.

  • Dice Marta que todavía le echan flores en la calle. Será que creen que la llevan a enterrar.

 

* * *

 

Siguiendo las anteriores reglas de tres (la criticante, la oyente y la criticada), las amables lectoras podrán dedicarse a este fructífero arte, sin temor de caer en las vulgaridades o chabacanerías que tanto desdicen de la mujer bien educada.

 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Eva en camisón”.

 

 


 

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