Ven a mi mundo

 

   De aquí y allá    

 

 

El fatídico “sí” *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

El señor licenciado don Polícrates Estigarribia es un adusto caballero, siempre vestido de negro, cuyo oficio consiste en preguntarles a unas parejitas muy nerviosas si están dispuestas a tomarse mutuamente por marido y mujer. Su larga experiencia como juez del Registro Civil -pues ha uncido al yugo a doce mil incautos- le ha demostrado que en la mayoría de los casos tanto el novio como la novia están tan alterados que no son capaces de actuar y pensar en forma coherente.

 

“El amor -dice don Polícrates- es un sueño, y el matrimonio es la realización de ese sueño. Sin embargo, el momento mismo de la ceremonia más bien parece una pesadilla para los contrayentes. Hay parejas que parece que, van al matadero. Aunque después de todo debemos admitir que el casarse constituye uno de los pasos más decisivos en la vida tanto del hombre como de la mujer, y por lo mismo es natural que se pongan más nerviosos que un gato. El matrimonio, aun en esta época en que abundan los divorcios 'Y las separaciones, sigue siendo una institución muy seria, plena de graves problemas y tremendas responsabilidades. En mi larga carrera nunca se me ha presentado el caso de un novio o una novia que digan “no” en el momento culminante, pero el día que me ocurra podré comprenderlo perfectamente.

 

“He visto novias que temblaban de miedo, y en cierta ocasión una se puso tan nerviosa que tuve que salir a la calle para rescatada y hacerla volver. El novio, en cambio, no se movió, si bien yo atribuí su rigidez a que estaba paralizado de terror. Por regla general suelo calibrar el estado de excitación de la pareja, para saber el grado de velocidad a que debo conducir la ceremonia. Hay casos en que, si no me doy prisa, existe el peligro de que se desmayen los contrayentes.

 

Casi siempre les hablo antes para tranquilizarlos, e incluso les sugiero que respiren profundamente, pues no hay nada como la inhalación de oxígeno para calmar los nervios. Algunos de ellos, sin embargo, casi se han ahogado al seguir mi consejo.

 

“En otras ocasiones los contrayentes pretenden estar muy serenos. Pero siempre hay ciertos pequeños detalles que los delatan. Cuando un novio echa el pecho hacia adelante, habla a voces y tose fuerte -queriendo aparentar que está más fresco que una lechuga- yo sé que por dentro está temblando, y que si alguien le sopla se cae al suelo. Hay unos que, en el momento de dar el “sí”, se les va la voz. Otros se ponen roncos y algunos pegan un grito. Pero casi nadie pronuncia la fatídica palabra en tono normal…

 

“Las mujeres, sin embargo -continúa el licenciado Estigarribia-, casi siempre suelen estar más tranquilas que los hombres. Una vez casé a una doctora en medicina que en el momento de firmar el acta tomó la pluma como si estuviera recetando un laxante. Casi siempre la mujer considera el matrimonio como una especie de triunfo personal, y esto le da más confianza en sí misma. El hombre, por el contrario, por muy enamorado que esté, siempre piensa en su fuero interno que 10 han atrapado, y de ahí que se ponga más nervioso en el momento de echarse el dogal al cuello.

 

“La mujer, cuyo primordial objetivo en la vida es el matrimonio, ya sea el propio o el ajeno, al comparecer ante el juez y después ante el sacerdote, considera que ha logrado una victoria y ello le da una fuerza de espíritu verdaderamente napoleónica. Podrá estar un poquito nerviosa, pero casi siempre es por temor de que el novio se vaya a arrepentir en el último momento y a soltar un ¡NOI como un do de pecho. Pero esto suele ocurrir muy raras veces. Ya frente al juez o frente al altar, el hombre sabe que está derrotado y desde entonces comprende que ha dejado de ser dueño de su propio arbitrio. El «sÍ», ese apocalíptico «sÍ», 10 seguirá repitiendo mientras viva”.

 

En estos momentos la interesante disertación del señor juez del Registro Civil se vio interrumpida por un grito de la señora de Estigarribia -relacionado con algún quehacer doméstico-, al cual dio respuesta don Polícrates con un melancólico “sí, mi vida”.

 

 

Música de fondo: “Llévenme a la catedral”, tema de la obra de teatro musical “Mi bella dama”

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

     Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

     Tomado del libro “Clarooscuro”.

 

 


 

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