Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

El entrometido *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

El club de Tigres amablemente cedió uno de sus salones para que los tres celebres hombres de ciencia pudieran llevar a cabo su reunión, en la cual iban a discutir nada menos que la posibilidad de contrarrestar la fuerza de gravitación universal. La gerencia del club puso a disposición de los sabios una serie de carpetas, papel, bolígrafos, un pizarrón con su correspondiente borrador y caja de tizas, así como un camarero gordito para que les sirviera café.

Estaban reunidos, pues, el profesor Otto von Strauffen, el doctor en matemáticas sir Geoffrey Peppermint y el ingeniero don Chepito, todos ellos colosales lumbreras en su especialidad, que era la astrofísica. El gordito, repetimos, solo estaba ahí para servir café y vaciar los ceniceros, pero sin embargo empezó a intervenir en la discusión desde el primer momento.

_ Después de más de cuarenta años de largos y profundos estudios _comenzó el profesor Von Strauffen_, he llegado a la conclusión de que la anti gravitación es factible. Partiendo del principio de que todos los cuerpos se atraen recíprocamente en razón directa de su masa y en razón inversa del cuadrado de su distancia, podemos considerar la teoría opuesta, o sea que…

Aquí el profesor Von Strauffen escribió en el pizarrón una complicada formula algebraica, llena de números, letras griegas y signos enrevesados.

_ Mmmm _murmuró el gordito, que se encontraba de pie, detrás de los hombres de ciencia_. Me parece, profesor, que está usted en un error.

Los tres sabios se volvieron como un solo hombre y se quedaron mirando fijamente al atrevido camarero.

_ Haga favor de no meterse en lo que no entiende ni le importa _observó ácidamente el ingeniero don Chepito Mondinguez_. Usted está aquí solo para servir café. Perdone la interrupción y continúe, estimado colega. Lo escuchamos atentamente.

El profesor Von Strauffen emitió un resoplido y volvió al pizarrón.

_ La gravitación _prosiguió_ es una acción que se ejerce a distancia, sin el intermedio de cuerpos ponderables. Sin embargo, en la actualidad se considera que todo cuerpo, de cualquier naturaleza que sea, está rodeado por un campo gravitatorio que se extiende por todas partes, es decir, que en cualquier punto del universo donde se coloque una masa, esta sufrirá la acción de una fuerza. Consecuentemente…

_ Insistió en que está usted equivocado _volvió a intervenir el gordito_. Yo…

_ ¡Usted se calla la boca, insolente! _bramó el hombre de ciencia dando una patada en el suelo_. ¡Que sea la última vez que se interrumpe, o nos quejamos a la administración del club!

El gordito se limitó a encogerse de hombros imperceptiblemente. Una vez que se hubo calmado, el profesor Von Strauffen tomo nuevamente la tiza y escribió en el pizarrón una fórmula que daba mareos.

_ Según la teoría de la relatividad, la curvatura del espacio y los potenciales del campo gravitatorio están vinculados entre sí. La ley de gravitación universal surge en la teoría de Einstein como una primera aproximación. Ahora bien, si consideramos que el espacio tiene una estructura determinada por la distribución de las masas, yo ahora mismo propongo que…

_ ¡No, no, profesor!  _interrumpió por tercera vez el gordito_. Le digo que está partiendo de un principio totalmente erróneo. Mire usted…

El profesor Von Strauffen se puso lívido. Dio otra patada en el suelo.

_ ¡Me niego terminantemente a proseguir mientras me siga interrumpiendo este majadero! _aulló echando espuma por la boca.

_ ¡Qué atrevimiento! _murmuró  con flema británica sir Geoffrey Peppermint_. Pretender enmendarle la plana a la máxima autoridad mundial en astrofísica.

El ingeniero don Chepito Mondínguez, mucho más práctico, se levantó de su asiento y agarrando al camarero por el cuello de la filipina, le sacó del salón a patadas.

_ ¡Fuera! ¡Fuera de aquí, bellaco! _gritó_. ¡Lárguese a la cocina!

Lo cual era precisamente lo que quería el gordito, pues le reventaba tener que soplarse cinco horas seguidas sirviendo café y escuchando aburridas disertaciones sobre astrofísica.

 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de El libro de las comedias”.

 

 


 

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