Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

Diálogo entre adivinos *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Por un momento dejémonos de alarmantes o intrigantes estadísticas, de sesudas cuestiones económicas y sociales, para trepar en nuestro patín del diablo y llegar a la esquina donde conversan dos notables adivinos. Escuchemos el diálogo que sostuvieron después de darse un fraternal aunque hipócrita abrazo:

 

- ¡Hola, mi querido profesor Radakrishna! Ya sabía yo desde ayer, por mi esfera de cristal, que hoy iba a tener el gusto de verle…

 

- Yo también lo sabía, porque lo adiviné desde antier, mi estimado maestro Solimán. Y no le pregunto por su salud, porque igualmente las cartas me dijeron que anda usted con una colitis espantosa, que no le deja un momento de sosiego…

 

- ¡Cierto, ilustre profesor Radakrishna! Por la misma razón yo también me abstengo de preguntarle por la familia, ya que vi en mi espejo mágico que su señora esposa se largaba al Brasil con un apuesto teniente coronel de caballería…

 

- ¡Verdad, verdad, sapientísimo maestro Solimán! Entre nosotros no hay ni puede haber secretos, así de potentes son nuestras artes adivinatorias y nuestros instrumentos de trabajo. Por esa misma razón no le ofrezco mis condolencias por la pena que le embarga en estos momentos; pues sé por mi maravillosa y ya citada esfera de cristal, que a su hijo menor lo metieron anoche en la cárcel por traficar con mariguana…

 

- También es cierto, doctísimo colega. Pero en fin, no creo que sea mayor desgracia que la suya. Me dicen las cartas que Lolita, su hija soltera, va a dar a luz dentro de quince días…

 

- ¡Ah, omnisapiente maestro Solimán; por esta vez, si le fallaron las cartas!

 

- ¿Cómo es posible? Mis cartas nunca fallan, ni aun las marcadas...

 

- Pues repito que ahora le fallaron: Lolita dio a luz la semana pasada.

 

- Bueno, un error de cálculo de veintiún días no es nada…

 

- Naturalmente que no. Con una similar yo adiviné la llegada de los primeros astronautas a la Luna.

 

- ¿Sólo con tres semanas de inexactitud? Efectivamente, no es nada.

 

- ¡Claro que no! Sobre todo tomando en cuenta que lo adiviné hace treinta y cinco años.

 

- Siempre lo he considerado a usted como el as de los pitonisos. Por eso no lo invito a usted a tomar una cerveza, porque ya habrá adivinado que no traigo ni un peso en el bolsillo.

 

- ¡Hombre, para eso no se necesita ser adivino, egregio Solimán!

 

- Por supuesto notabilísimo profesor Radakrishna. Como tampoco se necesita ser clarividente para saber que, aunque lo trajera, de cualquier manera es usted más tacaño que un regiomontano de ascendencia hebrea y escocesa.

 

- Por cierto, amigo Solimán, que la lectura de su horóscopo me indica que el día de hoy sufrirá usted un pequeño accidente si no mide usted sus palabras: entre bofetón y patada en los riñones anda la cosa.

 

- Es posible; pero también preveo por la lectura de las rayas de su mano que el airado puño que ose levantarse contra mí, también tendrá que ser utilizado para legítima defensa, ya que su propietario recibirá de inmediato tremenda guantada y terrible puntapié en la espinilla, con muy probable desquiciamiento de la mandíbula y segura fractura de la tibia...

 

Los dos adivinos se miraron uno a otro con hostilidad, pero después se rieron con cierta benevolencia.

 

- Bueno, eminetísimo profesor Solimán –dijo Radakrishna-, recuerde que perro no come perro. En vez de gastar nuestras baterías, talento y dotes de clarividentes en adivinamos uno a otro, ¿no le parece mejor unir nuestras fuerzas y poderes para descubrir enigmas de mayor interés, cuantía y portento?

 

- Me parece perfecto mi querido maestro Radakrishna.

 

Los dos clarividentes se tomaron amistosamente del brazo y continuaron su camino calle abajo. Al llegar a la esquina se detuvieron, se miraron uno a otro fijamente a los ojos y se preguntaron simultáneamente y ansiosamente:

 

- ¿Qué partido político cree usted que ganará en México todas las elecciones durante los próximos ochenta años?

 

-¡Hombre! -me dije a mí mismo alejándome raudo en mi patín del diablo- Como si fuera necesario ser adivino para presagiar eso...

 

 

      

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Y sigue la mata dando”.

 

 


 

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