Ven a mi mundo

 

 

De aquí y allá

 

 

Cosquillas en chino *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

A  un súbdito chino -dice el austero “Times” de Londres- detenido en una comisaría de Croydon por conducir bajo la influencia del alcohol, no se le pudo hacer el reconocimiento médico de rigor en virtud de que cada vez que el doctor le aplicaba el estetoscopio, el chino prorrumpía en estruendosas carcajadas...

 

La bebida, como se sabe, afecta a las personas de muy diversas maneras. A unos les da por la alegría y a ·otros les da por llorar. Hay borrachines que se sienten hermanos de todo el mundo; y otros, en cambio, que le buscan pleito hasta a su propia sombra. Unos se muestran espléndidos y generosos, en tanto que hay otros a quienes les da por desvalijar o por pedir prestado. Y los hay, en fin, que se contentan con dormir al compás de sus propios y trepidantes ronquidos.

 

Consecuentemente, cuando nos enteramos del caso de Kei Ping Wong -que así se llamaba el chinito de nuestra historia- pensamos que simplemente se trataba de uno de tantos alegres ciudadanos a quienes los copetines ponen de excelente humor. Pero conforme fuimos leyendo la noticia, nos dimos cuenta de que en realidad lo que hace reír al chinito en forma incontenible son los médicos con estetoscopio, ya que se imagina que le van a hacer cosquillas.

 

 

 

Kei Ping Wong es propietario de un café y hace poco tiempo empezó a tomar lecciones para conducir. También empezó a tomar whiskey. El resultado de tan fatídica combinación fue que una noche lo detuvieron los guardias y lo llevaron a la comisaría, acusado de manejar en estado de ebriedad. Ya en la dicha comisaría, Ping Wong  fue sometido a una prueba que permite determinar la cantidad de alcohol que circula en la sangre, llegándose a la conclusión de que el chino había ingerido lo suficiente como para no poder conducir ni un triciclo.

 

Hasta estos momentos Ping Wong se había comportado de lo más circunspecto; pero al ordenársele que se desnudara de medio cuerpo para arriba a efecto de hacerle el examen médico de rutina, el chino pidió muy serio que viniera su propio facultativo, ya que, según Ping Wong, los demás le hacían cosquillas. Los empleados de la comisaría, como es natural, lo tiraron a loco y no le hicieron caso.

 

Pero cuando llegó el médico oficial de guardia, aun antes de reconocerlo, Ping Wong soltó una carcajada que sacudió al edificio. Muerto de risa, el chino, con lágrimas en los ojos insistió en que le trajeran a su médico de cabecera asegurando que no podía resistir que lo examinara ningún otro. El doctor le ordenó severamente que se callara y le aplicó el estetoscopio al pecho. Pero el chino, al sentir el aparato, salto medio metro en el aire y salió corriendo del consultorio en medio de grandes y estrepitosas carcajadas, con el médico, estetoscopio en mano, corriendo en pos suya, gritándole que se detuviera y se callara.

 

El espectáculo de ver a un chino medio encuerado y muerto de risa carrete ando por los pasillos de una comisaría y perseguido por un médico con el estetoscopio en los oídos y en la mano, no es muy usual que se diga en las austeras comisarías de Su Majestad Británica. Bien pronto cinco guardias se lanzaron tras del chino, hasta que uno de ellos logró darle alcance en la comisa donde se había encaramado. El chinito se rindió pacíficamente; pero al ver venir al médico se tiró al suelo, retorciéndose de risa.

 

Y como la risa es contagiosa -aun entre los ingleses- fue en medio de grandes carcajadas que por fin el comisario le impuso a Ping Wong una multa de: treinta y cinco libras esterlinas y le revoco su licencia para conducir durante dos años.

 

Ya sin la presencia del médico Ping Wong se deshizo  excusas. Pagó su multa y muy seno prometió no volver a beber whiskey. Después se marchó a pie a su café, maldiciendo a los estetoscopios en cantonés.

 

 

 

Música de fondo: tema de la “Super Disco Chino”, versión Electro-Mix.

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Ni todo lo bueno ni todo lo malo, sino todo lo contrario”.

 

 


 

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