Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

La cocinera de hábitos sedentarios *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

La dama encopetada llamó por teléfono a la agencia de colocaciones y pidió hablar con el señor  Pépez. El señor Pépez suspiró profundamente y puso los ojos en blanco antes de tomar el aparato.

_ Señora, muy buenos días _dijo adoptando su profesional untuosidad_  ¿En qué puedo servirla?

_ En lo que me sirve usted todos los días, excepto los domingos, que no abre la agencia _repuso en tono  altanero la dama encopetada.

El  señor Pépez volvió a elevar los ojos al cielo, pero después inquirió empalagoso:

_ ¿Necesita usted una sirvienta?

_ Difícilmente llamaría yo a una agencia de colocaciones de servicio doméstico para pedir un bolso de piel o un pavo trufado _contestó, sarcástica, la dama encopetada.

_ Je, je, je _se creyó obligado a celebrar el señor Pépez_. ¡La señora siempre tan ocurrente! Sin embargo, como apenas ayer le envié una cocinera, pensé que posiblemente hoy precisara una fámula o una doncella.

_ Las doncellas dejan de serlo desde antes de salir de su pueblo _observó la dama encopetada_. Y por lo que respecta a las cocineras que me envía la agencia, usted sabe que entran por la mañana y se largan en la tarde. La que me mandó ayer batió todos los récords de velocidad: entró por la puerta de servicio y salió por la principal en menos de un minuto. Mi hijo la alcanzó en la esquina para proponerle competir en los próximos juegos olímpicos.

El señor Pépez se limitó a carraspear.

_ Hace más de cinco meses _continuó la dama encopetada_, que no podemos conseguir que el desayuno, la comida y la cena no sean preparados por una misma persona. En un solo día hemos tenido hasta cinco artistas culinarias, lo cual ha causado estragos en nuestros sistemas digestivos, por no hablar del mío nervioso. Como cada una tiene su estilo particular, y no duran que unas cuantas horas, nunca podemos habituar el organismo a un determinado régimen alimenticio. Un día desayunamos huevos fritos en aceite de oliva, otro en mantequilla, otro más en margarina, y los de ayer fueron fritos en aceite para motores Diesel.

_ Pues por falta de variedad no podrá usted quejarse _comentó frívolamente el señor Pépez.

_ ¡No estoy para chungas! _rugió la señora encopetada_. Haga favor de enviarme inmediatamente una cocinera de hábitos sedentarios, si es que aún existe tal especie vertebrada sobre la Tierra.

_ Con mucho gusto, señora _repuso, melifluo, el señor Pépez.

La dama encopetada colgó de golpe el auricular y se marchó a ponerse ungüento en las quemaduras que le había causado la preparación del almuerzo aquella mañana.

 

 

° ° °

  

Pocas horas más tarde se presentó en la residencia de la señora encopetada una mujerona con aspecto patibulario, pero provista de excelentes cartas de recomendación como cocinera. La dama las revisó con minuciosidad casi farmacéutica.

_ Veo que ha trabajado usted ininterrumpidamente en las mejores casas desde 1940 hasta 1955 _dijo, levantando una ceja_. Pero, ¿dónde ha servido durante los últimos quince años?

_ En una institución del Estado, por causa de mi marido _contestó la Maritornes.

_¿Cómo que por causa de su marido?

_ Sí, señora. Además de borracho y holgazán, era un hombre muy  autoritario.

_ Ah, ya comprendo _sonrió la dama encopetada con cierta compasión_. Todos los hombres son iguales. Para mantenerle sus vicios, supongo que la obligó a usted a trabajar en algún hospital o asilo, ¿no?

_ No, señora. Quien me obligó fue el Estado, y no en un hospital o asilo, sino en la cárcel.

A mi marido, que en paz descanse, lo envenené en 1955 y después las autoridades me condenaron a quince años de presidio.

A  la dama encopetada por poco le da un soponcio.

_¿Cómo se atrevió Pépez a enviármela?

La mujerona se pasó ruidosamente el dedo índice por debajo  de la nariz:

_ En la agencia me dijeron que necesitaba usted  una cocinera  acostumbrada a durar bastante tiempo en un solo sitio…

 

 

Fuente: “Marco A. Almazán”, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de El libro de las comedias”.

 

 


 

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