Ven a mi mundo

 

   De aquí y allá    

 

 

Cliente difícil *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Muy buenos días —sonrió el agente de viajes al cliente difícil que se acercó al mostrador—. ¿En qué puedo servirle?

 

— Dispongo exactamente de quince días de vacaciones y deseo aprovecharlos dé la mejor manera posible. Solamente le advierto que no me interesan los sitios trillados. Nada de París, Roma, Cozumel, Londres o Hawái.

 

— Perfectamente. ¿Qué le parecería una excursión a las Islas Vírgenes? —volvió a sonreír el agente de viajes, sacando unos preciosos folletos de colores.

 

— ¿Para tener después un broncazo con mi mujer? No, señor. Nada que huela a juerga y menos con jovencitas inexpertas.

 

El agente guardó los folletos y sacó otros.

 

— Entonces me permito sugerirle la isla de Barbados.

 

— Tampoco. Detesto a los “hippies”.

 

El agente de viajes miró hacia el techo y tamborileó con los dedos sobre el mostrador.

 

— ¡Ya sé! —dijo al cabo de un momento—. Un viajecito a la península del Labrador. Es un sitio precioso, poco frecuentado.

 

— De ninguna manera —dijo el cliente difícil—. Yo soy ingeniero agrónomo, y precisamente busco un descanso de todo lo que se relacione con faenas del campo.

 

— Comprendo. ¿Qué le parecería entonces un crucero por el Mar Muerto?

 

El cliente difícil hizo aspavientos.

 

— ¡Pero, hombre! ¿A quién se le ocurre ir a pasar las vacaciones a un sitio tan fúnebre? Me horrorizo nada más de pensar que tendré que navegar en un barco de cuatro velas.

 

— O el Canal de la Mancha... —propuso el agente.

 

— No, señor. No quiero pasarme después un mes en la tintorería.

 

— ¿Qué me dice usted de un recorrido por los Países Bajos?

 

— Les tengo pánico a las escaleras.

 

— Pero hay ascensores...

 

— Me marean.

 

El agente de viajes dejó los folletos y consultó una descomunal guía.

 

— Veamos —dijo todavía sonriendo, aunque ya con poco convencimiento—. Tenemos una excursión que incluye Oporto, Jerez, Cognac, Ginebra, la región de Champaña.

 

— Gracias, pero soy totalmente abstemio. — ¿La Isla de la Reunión?

 

— Soy poco sociable.

 

— ¿El río Amarillo?

 

— ¡No me lo mencione usted! Acabo de reponerme de un ataque de ictericia. .

 

— ¿Ciudad del Cabo?

 

— Soy antimilitarista.

 

— ¿El Golfo de México?

 

— No puedo ver a los holgazanes.

 

— ¿La isla del Sable?

 

— Me revienta que me pidan dinero prestado.

 

— ¿Mar del Plata?

 

— Me rijo por el patrón oro.

 

— ¿Colonia?

 

— Odio el imperialismo.

 

El pobre agente de viajes estaba sudando. Nunca, en su larga carrera, había lidiado con un cliente tan difícil de complacer. Mientras se devanaba los sesos, el turista en potencia examinó los carteles que decoraban el establecimiento.

 

— ¡Hombre! Este debe ser un sitio interesante: Khongor Obo.

 

— ¿Dónde se encuentra?

 

— En el desierto de Gobi, en Mongolia.

 

Magnífico. Déme usted un pasaje. Ese sí que no es un lugar trillado. De cualquier manera, desviaron el avión a Cuba.

 

 

Música de fondo: “Don’t turn around”, tema del grupo sueco Ace of Base.

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

     Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

     Tomado del libro “Clarooscuro”.

 

 


 

Volver a la Página de
Marco A. Almazán

 


 

Volver a la Página de
INICIO

 

© 2012 / Derechos Reservados.