Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

El campeón de los crucigramas *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Ya ha dejado de resolverlos. Por fin le he quitado su presunción, su tono de altivez, su intolerable gesto de autosuficiencia cuando colocaba en el cuadro correspondiente. Ya no tengo que soportar que me arrebate el periódico o la revista en el café, en el parque o en la oficina. Lo forcé a huir de los cuadros blanquinegros, y conste que lo hice dándole una cucharada de su propia medicina y no el tiro en el epigastrio que tan sobradamente se merecía. Ahora prefiere el billar, el dominó o simplemente la botella.

 

Y es que Epaminondas Corbacho se hacía insoportable cuando, con las gafas caladas y el bolígrafo en ristre, desplegaba el diario o la revista y se enfrentaba con el crucigrama como un mariscal de campo alemán ante un plano de las líneas enemigas. O como su homónimo, Epaminondas, el célebre general tebano, cuando estudiaba la posición dé sus enemigos los lacedemonios en Leuctra y Mantinea. Posiblemente la misma investigación del origen de su estrambótico nombre lo aficionó a consultas diccionarios y enciclopedias, lo cual a la vez le permitió adquirir una cultura de cuestionarios, tan inútil como pedante, que sólo le servía para rellenar crucigramas.

 

-¡Ajajá! era su expresión favorita, una vez que había encontrado la letra que le faltaba.

 

Además de arrebatamos lo que estábamos leyendo, el muy bellaco nos importunaba e interrumpía la conversación con sus preguntas, unas veces memas y otras endemoniadamente complicadas:

 

-¿Cuál era el dios del sol de los antiguos egipcios, con dos letras, la última de ellas una "a"? ¿Qué nota musical, también de dos letras, termina en "e"? ¿Cuál es la capital de la nueva, república africana del Alto Volta? ¿Quién fue el fisiólogo holandés, cuyo nombre termina en "ven", que además de haber sido el precursor de la electrocardiografía recibió el Premio Nóbel en 1924?

 

Y lo terrible del caso era que ninguno de los contertulios lo sabíamos, por lo cual Epaminondas sacaba su enciclopedia de bolsillo, lo hojeaba con rapidez de cajera de banco y eventualmente encontraba el término que perseguía, pero por lo pronto nos había hecho perder la tarde, poniéndonos a todos de un humor de todos los diablos.

 

Hasta que una tarde agotó mi enorme, mi infinita paciencia. Después de arrebatarme el periódico vespertino, resolvió el crucigrama en tres patadas y arrojó despectivamente el diario sobre la mesa del café en que nos encontrábamos.

 

-Llega un momento en que esto se resuelve solo -dijo sonriendo con una sonrisita de mago que acaba de sacar un conejo de su chistera-. Por rutina. Ya los hace demasiado facilones. iQué asco!

 

Aquella misma noche, en la intimidad de mi despacho, me froté las manos. Cuadriculé una cuartilla y ennegrecí arbitrariamente algunos de los pequeños rectángulos. Luego ennumeré los blancos. Luego me puse a la máquina de escribir y tecleé:

 

HORIZONTALES: 1.-En plural y femenino, el nombre del acatóptero venenoso que se cría en la vertiente oriental de la isla de Yalinga, arroyo de Zambombia que desemboca en uno de los afluentes del Akawanga (siete letras). 3.-Quiste que se forma en el dedo gordo del pie derecho de los pescadores lituanos, exclusivamente durante los meses que no tiene erre (dos letras). 4.-Nombre de la ninfa que en una de las islas Espóradas Meridionales les cortaban las uñas o mejor dicho, las pezuñas de macho cabrío a los faunos y después las vendían como afrodisíacos a los filósofos de Karpathos (ocho letras).

 

VERTICALES: 1.-Nombre científico con que se denomina a las serpientes enanas de Mozambique (diecinueve letras). 2.-Estado letal de las hembras de los autopergélidos cuando les sobreviene la menopausia (tres letras). Doctrina crónica que se opone a las teorías de Von Strauffen y que justifica el interrealismo pagnático frente a la exterofoglia de Berensky, en tanto que abomina el monofetichismo de los epimeneos (veinticuatro letras).

 

Y así por el estilo. Terminé a las tres de la mañana y después se me fue el sueño ideando nuevos crucigramas que hubieran vuelto locos a los clientes de peluquerías y a los pacientes que esperan en los consultorios de los dentistas. Pero mi insomnio se vio recompensado. Cuando al día siguiente mandé imprimir mi abominable engendro y se lo presenté a Epaminondas Corbacho, advertí como palidecía y se le perlaba de sudor la frente. Más de media hora estuvo tratando de resolver el condenado crucigrama. Después, muy lentamente se quitó las gafas, guardó el bolígrafo y me dijo una palabrota de seis letras. Se levantó de la mesa y se fue a bebérsela él solo a la barra. Desde entonces no ha vuelto a tratar de resolver crucigramas.

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “Ni todo lo bueno ni todo lo malo, sino todo lo contrario”.

 

 


 

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