Ven a mi mundo

 

  De aquí y allá     

 

 

¿En qué piensan los asnos? *

 

 

 

 

Marco A. Almazán

 

Nos referimos, como es natural, a los équidos solípedos de cuatro patas, rabo y orejas largas, y no a ciertos bípedos implumes egresados de nuestras instituciones de alta enseñanza. Cuando no están trabajando como burros, los asnos pasan largos ratos sin salir de la cuadra, comiendo, durmiendo, dándose golpes de pecho y también pensando, no faltaba más. Si estamos ya a punto de descifrar el significado de los ruidos que emiten los delfines y muy próximos a descubrir el lenguaje de los pájaros, no será demasiado aventurado afirmar que los asnos por lo menos piensan.

 

Basta verlos con la mirada fija en la pared de la cuadra, totalmente abstraídos, sin ganas de que los interrumpan, para damos cuenta -por poco observadores que seamos- de que su actitud es la de un ser que se encuentra sumido en profundas y complicadas cavilaciones, desde luego sobre temas que revestirán mucha importancia. De no ser así, los asnos pasarían sus ratos de ocio oyendo radios de transistores o leyendo revistas de monitos, tal como lo hace la mayor parte del público no pensante. Si no pensaran: otra de sus ocupaciones sería, por ejemplo, la de componer música “pop” y canciones modernas.

 

No cabe la menor duda de que uno de los temas que más acapara el pensamiento de los asnos es el del más allá. Un borrico encerrado en una cuadra no tiene más remedio que dedicar la mayor parte del día, o de la noche, a pensar en lo que habrá más allá de las cuatro paredes que lo encierran.

 

Otros de los temas que posiblemente ocupen la atención de los asnos, son los de carácter político. De otra manera, ¿por qué otro motivo -como no sea el de enterarse de los rumores que corren- tienen las orejas tan grandes y las mueven en todas direcciones? La actitud receptora de los jumentos recuerda la de muchos ciudadanos, aspirantes a cualquier puesto político, que se pasan las horas en los corredores del PRI o de los edificios gubernamentales, esperando captar algún runrún o alguna noticia sobre quién va a ser candidato para tal cargo o si siempre se le hizo a Don Fulano, para lanzarse rápidamente a la cargada.

 

Los asnos también piensan seguramente en lo mucho que ganan los intermediarios, pues cuando uno no tiene otra cosa que hacer en todo el día sino pensar, tarde o temprano cae en el tema del alto costo de los artículos de primera necesidad. Y en los de segunda, tercera, cuarta y quinta. Después de comparar los precios actuales con los de hace veinte o treinta años, invariablemente se les echa la culpa a los especuladores y luego se medita en lo agradable que sería ser especulador.

 

El día en que los pollinos rompan a hablar y se pongan a comentar en público todo lo que han venido pensando en los últimos años, posiblemente no haya sitio en todas las cárceles del país para encerrados. Es muy probable que se tenga que habilitar celdas provisionales, pues debido a su falta de formación, a su falta de cultura y a su falta de principios (por no hablar de su falta de adoctrinamiento, también llamado disciplina de partido), quizás sus comentarios sean irrespetuosos con respecto al orden establecido y a los logros de los regímenes revolucionarios. Por lo menos, serían faltos de tacto.

 

Lo que piensan exactamente los asnos en la cuadra o en cualquier otro sitio, nunca lo sabremos con seguridad hasta el día en que alguno de ellos se decida a contárnoslo. Pero el hecho de que piensan, y mucho, es tan real y evidente que a estas alturas creo que nadie se permitirá dudado.

 

La mejor prueba es que Augusto Rodin se inspiró en un asno para plasmar su inmortal escultura de “El Pensador”. Nada más que nunca quiso admitirlo.

 

 

* NOTA DEL EDITOR. El término “asaz” no deja de ser una pedantería intolerable, pero se la permitimos al autor en virtud de que la escribió un 22 de enero, que es el día de su cumpleaños. 

 

 

Fuente: Marco A. Almazán, escritor y diplomático mexicano 1922 - 1991. Humorista de sátira fina y aguda.

      Columnista del periódico “Excélsior”, de la Ciudad de México y de “El Porvenir” de la ciudad de Monterrey, N.L.

      Tomado de “La dicha que el gallo tiene”.

 

 


 

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