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Apuntes

 

 

Tragar camote *

 

 

 

El nombre pudiera sonarnos al pintoresco, pes esta palabra, “camote” hace que la usemos para expresiones muy folclóricas y a veces hasta levemente obscenas. Tragar camote, por ejemplo es pasar apuros o sentir mucho temor cuando la situación se pone peliaguda? y luego, si las cosas salen mal, el jefe lo pone a uno como camote. Si nos fijamos bien, esta expresión tiene que ver mucho con el color del camote, que es morado. Y, ¿cómo se le pone la cara a una persona que comete un error delate de todos o se equivoca de manera tremenda? Pues se pone morado de vergüenza,

 

Camote es un aztequismo. Proviene de camotli, vocablo náhuatl, que equivale en inglés a sweet potato (papa dulce) y al que los cubanos le dicen boniato. Esto es el camote. ¿Y la papa? Rico y versátil como alimento es la papa o patata, nombre originario del quechua, idioma aborigen de una amplia región sudamericana, en particular de lo que ahora es el Perú y sus alrededores.

 

 

Tragar camote

 

Si bien esta frase se utiliza para quienes tienen que pasar algo con dificultad y aguantarse, comerlo, que no tragarlo, tiene múltiples ventajas. El camote, planta originaria de América, de la familia de las convolvuláceas, del género Ipomoe y de la especie batatas, es un alimento que desde aquí se difundió al mundo y ha salvado del hambre a millones de personas.

 

En este continente se le conoce como camote, palabra náhuatl para raíz, como boniato que es vocablo caribe y como batata que puede ser deformación de patata. En quechua es kumara; en Perú hay registradas 2 mil 16 especies de esta planta.

 

 

Historia del camote

 

En la Historia natural de Nueva España (h. 1570), Francisco Hernández registra diversos camotes a los que clasifica de acuerdo con el color de su piel y su carne. Menciona el acamotli, el ihaicamotli, el xochicamotli, el camopalcamotli y el poxcauhcamotli, “nombres impuestos desde hace muchos siglos según la variedad de los colores”. Su sabor, escribe, semeja al de las castañas. Menciona diversas maneras en que lo comían los indios: crudo, cocido o asado.

 

Llegó a Europa en 1500, muy poco después de que Colón encontrara estas tierras. Los españoles lo llevaron también a Filipinas, de donde los portugueses lo introdujeron en India, China e Indonesia. De China fue a Japón, donde se convirtió en un importante cultivo. Por eso no asombra que ahí haya camote rebosado, esto es, tempura de camote.

 

 

Propiedades del camote

 

En algunas regiones de África, el camote se conoce como cilera abana, que significa “protector de los niños”. Y es que el camote de carne amarilla contiene importantes cantidades de beta carotenos, precursores de la vitamina A. Esta vitamina evita diversas enfermedades, entre otras, la ceguera parcial o total. Hay un programa en África dedicado a la difusión del consumo de camote en papillas infantiles.

 

El camote contiene de 1 a 2.5 por ciento de proteínas; de 18 a 28 por ciento de almidón, 50 a 60 por ciento de agua, 1.5 a 5 por ciento de azúcares, además de la ya mencionada vitamina A, vitamina C, calcio, ceniza, potasio y algo de hierro.

 

Investigaciones recientes permiten afirmar que comer camote puede prevenir cáncer de estómago y algunas enfermedades del hígado; también retarda el envejecimiento gracias a presencia de los beta carotenos, que son antioxidantes.

 

En los años 60 del siglo XX, el camote salvó de la inanición a millones de chinos. De ahí que China sea actualmente el mayor productor de este tubérculo, con 114 millones de toneladas anuales. Otros productores importantes son diversos países de África, como Uganda, Nigeria y Ruanda; Indonesia, Vietnam, India y Japón. El camote ocupa el séptimo lugar entre los cultivos alimentarios en el mundo.

 

En América Latina, el mayor productor es Brasil; otras naciones donde es considerable la producción son Perú, Costa Rica y Argentina; en Cuba se le considera como artículo de primera necesidad. Llama la atención que México, uno de los centros de origen y domesticación del camote, produzca apenas 50 mil toneladas al año.

 

 

Los camotes de Puebla

 

Los camotes son los dulces típicos más representativos de Puebla, nacidos en la cocina del convento de Santa Clara conceden su rico sabor tradicional. En unos dos dólares (25 pesos mexicanos) se cotiza una caja con camotes que multicolores y envueltos en papelito encerado y rematados con moñito a los extremos le dan una peculiar presentación.

 

Cuenta la leyenda que un alto jerarca de la Iglesia iba a visitar el convento y la madre superiora quería agasajarlo con una comida y un postre especial. En ese entonces, la mayoría de los conventos eran muy pobres y es sabido que las familias adineradas les obsequiaban alimentos para el sustento de las monjas. El camote era un ingrediente muy barato, que consumían las religiosas mañana, tarde y noche.

La misma leyenda cuenta que una novicia ofreció a un alto jerarca un postre que la madre superiora pensó se trataba de una broma, puso sobre la mesa un dulce hecho con camote, alimento frecuente en el convento por su bajo costo. Cuando el visitante probó el postre fue felicitada y pues ya se imaginarán, el resto es historia.

 

 

Camotes de Santa Clara

 

Las madres de Santa Clara dejaron de elaborar los camotes, ahora son empresas las dedicadas a la producción, aunque las monjas agustinas aún los hacen y ofertan al menudeo.

 

Los camotes poblanos son apenas uno de los tantos dulces típicos que ofrece Puebla a sus habitantes y visitantes, cuando este en esta tierra no olvide probar los tradicionales. Cabe mencionar que existen variantes hechas con ingredientes de menor calidad y que incluso se comercializan en las casetas de ingreso a la ciudad, por cierto los mejores se compran en el centro.

 

 

 

 

“Cuánta gente hay que traga camote, unos por gusto, porque es gusta el dulce;

otros por brutos o animales, sin ofender a los animales”.

 

  

Tomado de varias fuentes, entre ellas La Jornada y Alimentos en México.

 


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