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Cosas: La sociedad del

«Tírese después de usado» *

 

 

 

Alvin Toffler,

"El Sock del Futuro"

Estados Unidos, 1970.

 

«Barbie», una adolescente de plástico, de treinta centímetros, es la muñeca más conocida y que más se ha vendido en toda la Historia. Desde su creación, en 1959, la población de muñecas «Barbie» del mundo ha alcanzado los 12.000.000, más que la población humana de Los Angeles, Londres o París. Las niñas adoran a «Barbie», porque parece real y se la puede vestir fácilmente. La empresa «Mattel, Inc.», creadora de «Barbie», vende también un vestuario completo, con trajes de calle, trajes de noche y trajes de baño y de esquí.

 

Recientemente, «Mattel» anunció una nueva muñeca «Barbie» (1), perfeccionada. La nueva versión tiene una figura más esbelta, pestañas «de verdad» y una cintura movible, que la hace más humanoide que antes. Además, «Mattel» anunció que, por primera vez, la jovencita que quisiera comprar una nueva «Barbie» obtendría un descuento si entregaba la vieja. Lo que no anunció «Mattel» fue que, al trocar su vieja muñeca por un modelo tecnológicamente perfeccionado, la niña de hoy, ciudadana del mundo superindustrial de mañana, aprendería una lección fundamental sobre la nueva sociedad: que las relaciones del hombre con las cosas son cada vez más temporales.

 

El océano de objetos físicos artificiales que nos rodea está inmerso, a su vez, en un océano más grande de objetos naturales. Pero, para el individuo, lo que importa cada día más es el medio tecnológicamente producido. La obra de plástico o de hormigón, el iridiscente brillo de un automóvil bajo un farol, la pasmosa visión de una ciudad desde la ventanilla de un avión de reacción: he aquí las realidades íntimas de su existencia. Las cosas confeccionadas por el hombre penetran y matizan su conciencia. El número de aquéllas aumenta con fuerza explosiva, tanto absolutamente como en relación con el medio natural. Y esto será aún más cierto en la sociedad superindustrial que en la de nuestros días.

 

Los antimaterialistas tienden a quitar importancia a las «cosas». Sin embargo las cosas son altamente significativas, no sólo por su utilidad funcional, sino también por su impacto psicológico. Nosotros establecemos relaciones con las cosas. Las cosas afectan nuestro sentido de continuidad o discontinuidad. Desempeñan un papel en la estructura de las situaciones, y la abreviación de nuestras relaciones con las cosas acelera el ritmo de la vida.

 

Además, nuestras actitudes con respecto a las cosas reflejan nuestros criterios sobre valores fundamentales. Nada más dramático que la diferencia entre la nueva clase de niñas, que cambian alegremente su «Barbie» por el nuevo modelo perfeccionado, y aquellas que, como sus madres y sus abuelas, se aferran y quieren a la misma muñeca hasta que ésta se desintegra de puro vieja. En esta diferencia está el contraste entre el pasado y el futuro, entre las sociedades fundadas en la permanencia y la nueva y rápidamente creciente sociedad basada en lo transitorio.

 

 

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(1) La.historia de «Barbie» se refiere en Marketing Brieis, en Business Week del 11de marzo de 1967, pág. 188.

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Nosotros establecemos relaciones con las cosas.

Las cosas afectan nuestro sentido de continuidad o discontinuidad

 

 

Tomado del Capítulo IV: “El Sock del Futuro” de Alvin Tofler

 


 

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