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La pequeña Venecia *

 

 

 

 

Daniel Balmaceda,

Argentina

 

 

En el año 1525,  un nativo quechua llamado Berú pescaba con infinita paciencia en el más monótono escenario de un río afluente del Pacífico, cuando quedó paralizado frente a una enorme construcción que flotaba. Tanto, que nunca advirtió a los cuatro hombres que habían desembarcado -de aquel barco que deslumbrara al quechua- en un bote y que, aprovechando su perplejidad, lo sujetaron para que no huyera. Los exploradores le preguntaron en perfecto español el nombre de esa región. Sin comprender qué le decían, el nativo respondió con dos palabras en su lengua: Berú (que era su nombre) y Pelú (que era el sitio donde estaba pescando y significa río). Entonces, los españoles bautizaron la zona con la voz Perú.

 

Esta confusión -que nos dejó el Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales- es apenas una más entre muchas que conviven en los mapas. Sin ir más lejos, está el uso del nombre del continente. América evoca a Américo Vespucio, el cartógrafo florentino que trabajó para España y Portugal durante el auge de los descubrimientos.

 

Una serie de hechos desencadenó esa denominación. En 1507, el cartógrafo alemán Martín Waldseemüller basado en relatos y descripciones realizados por el florentino Amerigo Vespucci (así era el nombre real), dibujó el continente y estampó el vocablo “América” sobre el espacio que corresponde al territorio brasileño. Waldseemüller estaba convencido de que Vespucio lo había descubierto. Su mapa fue célebre y de esa manera se instaló la palabra que define a esta vastísima zona del planeta. Cuando más adelante el alemán conoció en detalle la gesta de Colón y advirtió su error, el mapa con el nombre se había esparcido por los centros eruditos de Europa.

 

Si bien don Cristóbal no quedó inmortalizado en el nombre del continente, Colombia lo evoca de la misma manera que Bolivia recuerda a Simón Bolívar. Sí fue el mismísimo Colón quien rindió homenaje a la memoria de su padre, Doménico Colombo, cuando bautizó la isla de Santo Domingo. No sólo Bolívar y los Colón se ganaron un lugar en los mapas: los caciques Nicaragua y Cubanacán también están presentes.

 

Los febriles sueños de riquezas de las siguientes exploraciones quedaron reflejados en algunos topónimos. Es el caso de Costa Rica, Puerto Rico y el Río de la Plata. Venezuela fue el título que impusieron los europeos al territorio que para ellos era una “pequeña Venecia”. Jamaica es otro término nativo (Xaymaca era la “isla de las fuentes” para los arawaks). Por su parte, la zona de costas profundas del Atlántico originó el nombre de Honduras; mientras que la poca profundidad -o bajamar- de otra zona americana derivó en Bahamas.

 

Este paradisíaco archipiélago fue refugio de piratas (y de tesoros) y algunos fueron nombrados gobernadores, como por ejemplo, Barbanegra. Durante la Segunda Guerra Mundial hospedó, también en calidad de gobernador, al Príncipe de Gales (ex Eduardo VIII) y a su amada, la plebeya Wallis Simpson (por quien Eduardo abdicó al trono y se convirtió en ex). Pero además, durante unos meses de 1782, Bahamas tuvo un gobernador español. Nos referimos a Bernardo de Gálvez y Madrid, un bravo malagueño que poco tiempo atrás había comisionado a uno de sus hombres para que trazara un mapa del Golfo de México. El enviado decidió llamar Galveston (a partir de  Gálvez town), a un sector del poblado por nativos, en honor a su jefe.

 

 

 “Venezuela fue el título que impusieron los europeos al territorio

que para ellos era una “pequeña Venecia”

 

  

Tomado del Libro de Daniel Balmaceda, “Historia de las palabras”. Daniel Balmaceda nació en Buenos Aires, Argentina y es peiodista, graduado en la Universidad Católica Argentina y Miembro de la Sociedad Argentina de Historiadores.

 


 

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