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La Gente *

 

 

 

 

Federico Ortíz-Moreno,

Monterrey, México

 

 

Se puede escribir sobre diferentes temas. En la actualidad las personas se dedican a elaborar teorías. Hablan constantemente de ellas y su aplicación. Experimentan, infieren, deducen. Al parecer hay miles de artículos que se publican en revistas y periódicos acerca de soluciones a determinados problemas por medio de técnicas y teorías. A la gente le gusta hablar como si al hablar la fueran a escuchar. Se complican demasiado la vida al creer que por medio de estas técnicas y teorías fueran a solucionar todo lo que se les presente.

 

En el campo de la psicología sucede lo mismo. Las personas quieren solucionar sus problemas y creen que deberán seguir un determinado camino, un método ya trazado de antemano. Leen sobre teorías de la personalidad, leen sobre técnicas de la modificación de la conducta. Creen que con sólo leer sobre esto o aquello, o estar sujetos bajo una teoría o técnica, su problema se solucionará. Sin embargo, la gente jamás se pone a pensar en ella misma. La gente evita pensar en la gente. Evita pensar en el TODO donde está incluida. Y, es por esto que, al no pensar que ella está incluida en ese TODO de la gente, se siente marginada, sumergida en una tremenda soledad. Se siente perdida en la nada, en el vacío. La gente quiere ser escuchada, pero muchas veces no siente la confianza necesaria para poderse acercar a otra persona para decirle y contarle lo que siente. Y, generalmente, la mayoría de los casos es la desconfianza a los demás lo que nos lleva a la soledad.

 

La gente, en realidad, es muy complicada. Tenemos tantos ardides para evitar la angustia que es muy difícil a ciencia cierta­ el saber cuáles son los problemas que nos aquejan. Muchas veces uno se preocupa demasiado. Y, tal vez de tanto pensar no tenemos tiempo para resolver. ¿Cuántas cosas se quieren decir sin poderse expresar? ¿Cuántas cosas nos preocupan sin que sean grandes problemas? ¿Cuántas cosas nos aquejan y nos hacen sentir preocupados? Y, eso, eso que nos preocupa queremos externalizarlo a alguien… y no encontramos a ese alguien. Nosotros nos preguntamos el por qué muchas veces estamos llenos de odio y ese odio no lo podemos manifestar. Muchas veces pensamos y volvemos­ a pensar que no somos aceptados por la sociedad. Pensamos que no somos amados por nadie. Claro que uno, la mayoría de las veces, no se da cuenta o no quiere aceptar que hay personas que nos quieren y nos estiman más de lo que nosotros mismos nos estimamos.

 

Muchas veces se nos presentan problemas, pero no sabemos cómo sobrellevarlos o cómo resolverlos. Se nos junta todo, y todo esto lo vemos negro. Hay ocasiones en que la gente lo ve así. “La evidencia del triste despertar del mañana, la evidencia que urge el despertar que espero”, una especie de añoranza por cosas perdidas o no logradas y un miedo o una angustia hacia un futuro incierto donde “son tantas las verdades, tan poco los milagros” (L. Favio).

 

La gente, hoy en día, vive una crisis tremenda. No sabe lo que se espera de ella. El hombre y me refiero al ser humano actúa con una máscara que llega un momento que a él mismo le fastidia. Y, a pesar de que está “acostumbrado” a llevar esa máscara, ésta­ no puede soportarla. La gente que vive así está hastiada de la vida. A pesar de esto, siempre existe una esperanza y siempre hay un vívido recuerdo en su vida que lo impulsa a seguir. Muchas veces la gente no ama ni se ama a sí misma. ¿Cómo puede vivir el­ hombre si continuamente se desprecia? ¿Cómo puede vivir si continuamente miente, es falso y convierte la hipocresía en algo suyo? ¿Cómo puede comprender y comprenderse si no se conoce? Afortunadamente poco a poco se va aprendiendo algo en la vida.

 

La gente no quiere aceptar que en la vida no sólo hay alegría sino también tristeza, dolor y sufrimiento. Además, uno no se da cuenta de los recursos que posee para salir de todos los problemas de depresión que le aquejan a uno. La gente es pesimista por naturaleza. Pero el pesimismo que uno experimenta es algo ridículo. Somos adultos que racionalizamos demasiado para poder vivir a gusto. No podemos vivir a gusto con nuestras tristezas, tal vez tampoco o ni siquiera con nuestras alegrías. Y es por eso que nosotros debemos de externalizar nuestra manera de pensar. Inclusive decirnos a nosotros mismos lo que sentimos.

 

La gente debería ser a sí misma su psicólogo, su amigo, su persona que lo comprenda. El día que lleguemos a comprendernos a nosotros mismos, llegaremos a comprender a los demás.

 

En la actualidad hay un odio tremendo hacia todo. La gente no sabe lo que pasará. Tiene temor hacia el futuro. Estamos en un mundo materializado. Oscar Wilde escribe: “Hoy la gente sabe el precio de todo y el valor de nada”. Se sabe el costo de los artículos que compramos pero no apreciamos el valor de las personas. Por otra parte, la gente, hoy en día siente una tremenda depresión. Tiene un tipo de paranoia constante. Cree que la están vigilando, cree que la están criticando. Para no sufrir esa angustia, se censura a sí misma imaginando así que ya nadie tiene derecho a criticarla. Hay un odio constante entre todas las clases socio-económicas (niveles o clases que nosotros mismos hemos establecido). Nadie quiere identificarse. Los pobres quieren ser ricos y los ricos quieren ser millonarios. Ambos se critican constantemente. Oscar Wilde escribe: “Las clases medias airean sus prejuicios morales en sus groseras pláticas de sobremesa, murmuran sobre lo que ellos llaman el libertinaje de sus superiores, con el fin de imaginarse que están en la alta sociedad, y en la más íntima relación con la gente que denigran”.

 

Hoy en día la gente siente que no es nadie. Tratan de ser alguien. Quieren compensar el ser nadie en algo que sea consi­derado por los demás, por la simple masa. Es cuando compensan la estupidez con la riqueza y el vicio con la hipocresía. El mundo actual nos lleva a un desgarramiento entre nosotros mismos. Hay odio de todos contra todos. Y, esto es lo que deberíamos de evitar.

 

Creo que no necesitamos de “técnicas” que nos “ayuden” a mantener el orden en la sociedad. Psicólogos como Skinner ofrecen emplear técnicas para mantener el orden mundial. Skinner, en su libro ‘Walden Two’, una novela utópica, habla acerca de una comunidad autónoma y autodirigida tan científicamente organizada que nadie se atreve a salirse del orden social ya establecido, donde todo mundo hace lo que debe hacer, siendo felices y creativos. Pero como dice Antoine de Saint-Exupéry: “El orden por el orden sólo castra al hombre de su poder esencial, el de transformar tanto al mundo como a sí mismo. La vida crea el orden, pero el orden no crea la vida”.

 

Aldous Huxley en su libro ‘Brave New World Revisited' comenta: “El profesor Skinner es un psicólogo experimental y su tratado ­sobre ‘Ciencia y Conducta Humana’ se basa sólidamente en hechos. Pero desgraciadamente los hechos pertenecen a una clase tan li­mitada que cuando él se aventura a una generalización, sus conclusiones son tan extremadamente irreales como aquellas de un teorizante de la época victoriana”.

 

No creo que el uso exclusivo de técnicas nos lleve a la solución de nuestros problemas. Deberemos tener una percepción de la gente para poder conocerla. El pensamiento gestalista como el Budismo Zen nos dice que para conocer la gente es preciso penetrar directamente en ellas mismas y verlas, como si dijéramos, por dentro. Para conocer a la gente es necesario formar un TODO con ellas mismas, sin dejar al mismo tiempo de poseer nuestra propia individualidad. Debemos ser subjetivos para poder conocer realmente a la gente, a las personas. La manera del gestalista no es ver a las personas “en partes” o en “variables de la personalidad”, sino verlas como una totalidad, pues la persona que creemos haber analizado bajo un conjunto o un sistema no es la persona misma, sino una simple suma de abstracciones de las variables de la personalidad.

 

En contra parte, los científicos gustan de ser objetivos. En el libro ‘Budismo Zen y Psicoanálisis’ del Dr. Suzukí y el Dr. Erich Fromm se encuentra que los científicos se adhieren firmemente a la opinión de que una afirmación es verdadera sólo cuando es objetivamente valuada y comprobada y no sólo subjetiva o personalmente experimentada, olvidan el hecho de que una persona vive siempre una vida personal y no una vida puramente conceptual o científicamente definida”. Más adelante señala que los científicos tienen un miedo tremendo a ser “subjetivos”. Ven a la gente, a las personas desde fuera. Nunca penetran en la persona y se convierten en extraños a ésta. Los científicos se adhieren a la lógica donde todo está controlado por­ las reglas rígidas del silogismo. Son autómatas que no tienen facultades de amar, menos aún de ayudar.

 

Anthony Burgess, escritor inglés, en su libro ‘A Clockwork Orange’ nos trata de decir que el conductismo nos trata de convertir en algo que ya no es una criatura humana. Nos trata de convertir en criaturas que sólo podemos hacer el bien. Nos habla de que “Estamos en ‘el juego de los condicionamientos’ donde la música y el acto sexual, la literatura y el arte ya no son fuente de placer sino de dolor. La vida en que el hombre ha perdido la condición humana. Donde somos convertidos en simples mecanismos de relojería”.

 

Antoine de Saint-Exupéry, en su libro ‘Carta a un Rehén’ nos ­ dice: “La persona­ quiere que se le comprenda. La gente está harta de polémicas, de exclusividades, de fanatismos. La gente no quiere tener ya que disculparse, no quiere tener que defenderse, no quiere tener que probar nada. La gente desea que más allá de sus palabras torpes, más allá de sus razonamientos que lo pueden engañar consideren en ella simplemente a la persona humana”.

 

Creo que el orden y la armonía entre la gente sería algo maravilloso. Pero muchas veces “la belleza del orden es usada como una justificación al despotismo” (Aldous Huxley). La gente podrá vivir con sus tristezas y sus alegrías solamente si es capaz de percibirse en un TODO social que lo comprenda y al mismo tiempo comprender a ese. TODO.

 

La psicología gestalista, como humanista que es, nos dice que debemos de estar integrados en el TODO para así podernos desarrollar como eres humanos que somos.

 

La necesidad de una exposición clara y abierta de nuestros problemas entre nosotros (la gente), nos hará comprendernos. Necesitamos de verdaderos amigos que nos perciban tal y como somos, pues… “¿Qué hemos de hacer con un amigo que nos juzga?” (Saint-Exu­péry). Deseamos el poder hablar sin que sospechen de nosotros a cada momento. Arthur Miller en su libro 'The Crucible' (Las Brujas de Salem) apunta este sentimiento en uno de los personajes: “¡No puedo hablar sin ser sospechado a cada momento; sin ser juzgado como mentiroso, como si cada vez que entro a esta casa entrase en una corte de justicia!”. Las personas a quienes hablemos deben estar aptas parar escucharnos y aceptarnos tal como somos, simplemente como personas.

 

 

 “Somos adultos que racionalizamos demasiado para poder vivir a gusto. No podemos vivir a gusto

con nuestras tristezas, tal vez tampoco o ni siquiera con nuestras alegrías...

 

  

Artículo escrito hecho en 1973 y publicado en la revista de Psicología del la Universidad de Monterrey..

 


 

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