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El científico *

 

 

 

 

 

Cuento corto...

 

 

Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.

 

Un  científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos.

 

Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

 

Cierto día, su hijo de siete años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.

 

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.

 

Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

 

De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.

 

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que  lo repares sin ayuda de nadie”.

 

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.

 

Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

 

“Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.

 

Al principio el padre no creyó en el niño!

 

Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

 

Para su sorpresa, el mapa estaba completo.

 

Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

 

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

 

De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo:

 

Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

 

Papá, respondió el niño; yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre.

 

Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era.

 

“Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”.

 

 

Fuente: Atribuido a Gabriel García Márquez, escritor colombiano; pero no tengo la fuente como para comprobarlo.

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      Este relato me fue compartido por algunos amigos y amigas de Argentina.

       

 

 

 

 

 


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