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Cartas a un joven médico / 07 *

 

 

 

 

Arnoldo Kraus

México

 

 

Sorprende que no existan instrumentos para evaluar el sufrimiento a pesar del avance de la medicina y de las escalas que suelen usar los investigadores para medir muchos fenómenos médicos. El sufrimiento es una experiencia viva y cotidiana. Por eso, Herodoto (101-177), historiador griego, tenía razón cuando afirmó: “Mis sufrimientos han sido mis lecciones”.

 

Al hablar de empatía, el sufrimiento es una de las bases de esa vivencia. Muchos viejos galenos han sugerido que la empatía es una cualidad indispensable para el buen ejercicio médico. De William Carlos Williams (1883-1963) pediatra y escritor que trabajaba en los suburbios pobres de Rutherford, New Jersey, y que escribía poemas entre un paciente y otro, extraigo las líneas siguientes: “… a través de la empatía, no nos convertimos en el otro, nos convertimos en su igual”.

 

Otro buen ejemplo proviene del afamado libro El mito de Sísifo, de Albert Camus (1913-1960), ganador del Premio Nobel. El predicamento de Sísifo simboliza la condición humana. Sísifo debe empujar una roca enorme hasta la punta de una montaña empinada. Cuando alcanza la cima, esta vuelve a rodar hacia abajo, proceso que continúa eternamente. A pesar de su sufrimiento él sigue luchando contra la adversidad. Cada vez que coloca su hombro contra la roca, se está revelando contra su destino. En el curso de esta lucha, él no tiene ilusiones pero es capaz de encontrar algunas satisfacciones.

 

Camus pensó que la batalla para llegar a la cima en sí, satisface el corazón humano. Lo mismo sucede con muchos pacientes: consideran que luchar contra una enfermedad, a pesar del sufrimiento, es una motivación para vivir. Cuando un ser humano se transforma en “paciente”, aunque se durante un período breve, el sufrimiento puede convertirse en autoanálisis y es una especie de pasaporte para reevaluar los mundos interno y externo.

 

Ya que el sufrimiento e inherente a la profesión médica suele pensarse que el médico domina y entiende esas sensaciones. La realidad es otra. Es indiscutible que los médicos deben tener la capacidad de ir “un poco más allá”, de saber acompañar, tocar, escuchar y ser comprensivos. Muchos enfermos aseguran que “el arte de acompañar” se ha perdido para siempre y que los galenos carecen de la capacidad para entender el significado de las palabras soledad, alma, dolor o de ser lectores de la enfermedad.

 

Quizá 92% sea un poco exagerado, pero sólo un poco: la mayoría de los enfermos que acuden a un médico general o con un internista lo que buscan es que se les escuche, que se les atienda, que se les dé importancia a sus sentimientos y “a su estar” en el mundo.

 

La suma de las ideas previas sugiere que el médico “hábil” debe saber escuchar y ser compasivo. Debe saber tocar y ser tocado. Tranquilizar y dar confianza al enfermo es, en incontables ocasiones, la mejor medicina que pueda suministrar un doctor.

 

 “Es indiscutible que los médicos deben tener la capacidad de ir “un poco más allá”,

de saber acompañar, tocar, escuchar y ser comprensivos....

 

 

Tomado del libro: “Una receta para no morir. Cartas a un joven médico”  

 

Arnoldo Kraus, escritor y médico mexicano..Imparte clases de ética médica en el posgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es miembro del Colegio de Bioética. Colabora semanalmente en el periódico La Jornada, así como en diversas revistas culturales. Autor de textos indispensables en el debate nacional en torno a la bioética. Ha publicado ocho libros. Morir antes de morir; Una receta para no moris, Cartas a un joven médico; El tiempo Alzheimer (Taurus, 2007) es el último. En 2010 aparecerá bajo el sello Almadía un libro de ensayos intitulado “Aproximaciones a la muerte...”.

 


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