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Alejandro Magno y sus anécdotas *

 

 

 

Alejandro Magno,

hijo de Filipo de Macedonia

 

Son muchas las historias, anécdotas y leyendas que se cuentan de Alejandro. Son anécdotas que nos muestran, de cierto modo, el carácter de Alejandro, su forma de ser y de pensar. Anécdotas que nos muestran su vida, historias que nos enseñan y señalan su alma.

 

Una de las primeras cinco o seis anécdotas que aquí relataré es conocida como la del “incienso”. Resulta que una vez se encontraba Alejandro ante el altar, derramando incienso ante los dioses. Su preceptor Leónidas se enoja, se acerca y le reprocha diciendo: “Para hacer tan abundantes ofrendas es preciso que esperes a que seas dueño del país del incienso...”. Más tarde, Alejandro fue el señor del Asia y envió a su maestro cien talentos de aromas para que no fuese un avaro con los dioses...

 

Una segunda anécdota se refiere a cuando en una ocasión Alejandro estaba practicando deporte y haciendo ejercicio. Alguien se acerca y le pregunta; “¿Y vas a participar en los juegos olímpicos?”, a lo que Alejandro responde; “Si mis rivales fueran reyes, por supuesto que sí”. Tal vez mucho “crecimiento” o mucho “creerse” por parte de Alejandro, pero algo que nos muestra de cómo era y cómo actuaba.

 

La tercer anécdota se refiere a la del caballo Bucéfalo. Resulta que un buen día un tesalio llevó ante Filipo (el padre de Alejandro) un caballo. El hombre quería 30 talentos por Bucéfalo, el nombre del caballo. De ahí que los más hábiles jinetes de la corte quisieran trepar en el caballo, domar este fiero y salvaje corcel, y hacerlo suyo.

 

Nadie pudo hacerlo. El equino parecía empecinado a bajar de su lomo a todo aquél que osara montar en él. Filipo entonces lo rechazó, si no fuera porque Alejandro, que estaba presente, les dijo: “¡Pero, qué bárbaros...! ¿Cómo es que puedan perder este caballo por su timidez e inexperiencia?”

 

El padre le reprochó su actitud diciéndole de paso: “Como si fueras tú a ser capaz de montar este caballo...”. Alejandro no se amedrentó y apostó el precio del caballo mismo, en caso de no poder apaciguarlo. El rey rió, lo mismo que la corte. La presunción de Alejandro era mucha.

 

Y... “¡Oh sorpresa...!”. Alejandro pudo. Se acercó al caballo, empuñó las riendas, vuelve la cabeza de éste hacia el Sol, pues había observado que el noble corcel se asustaba hasta con su propia sombra. Luego le acarició, soltó su manto, dio un ágil brinco y montó en el corcel.

 

Sujetó con fuerza las riendas, paseó por los espacios, y volvió a paso lento y tranquilo con un corcel agradecido. Vuelcan los aplausos, y, dicen los historiadores, que Filipo, al verle, le dice a Alejandro: “Hijo mío, busca otros reinos; Macedonia, el que poseo, es muy pequeño para ti y sé que no podrá satisfacerte...” .

 

 

He aquí tres de las anécdotas que se cuentan sobre Alejandro Magno

 

 

Tomado de la serie “Grandes personajes” de este mismo autor. Federico Ortíz Moreno.

 


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